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Grupo surrealista de Madrid

La quimera del inquilino

¿Ya te has dado cuenta de que proyectos delirantes como la urbanización de Seseña, donde en medio de la nada se levantan 13.000 viviendas sin agua, servicios, equipamientos ni nada que lo recuerde, son otros tantos depósitos de pólvora existencial y bombas humanas de relojería que tarde o temprano protagonizarán un estallido social? ¿Que no se puede vivir en el vacío de un hábitat prefabricado en mitad de la nada, lejos de las calles donde se desplegó tu infancia, donde soñaste y amaste, donde había un barrio, y personas que le daban sentido? ¿Que eso no es vida, sino supervivencia, exilio, mero descanso mínimo para que repongas tus fuerzas y puedas volver, recorriendo todos los kilómetros que hagan falta, al trabajo donde también malgastas tu existencia?

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Situación de la poesía (por otros medios) a la luz del surrealismo

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INTRODUCCIÓN

La oportunidad de estas Jornadas que denominamos “Situación de la poesía (por otros medios) a la luz del surrealismo”, surge de un debate interno que tuvo en el otoño de 2005 su penúltimo capítulo. Se trataba de una “Encuesta sobre la poesía” en la que se reflexionaba sobre toda su problemática, la cual va más allá de lo que la disuelve en el espectáculo integrado y de lo que también la fija a la sola escritura poemática, expresión que, entre nosotros, unos rechazan y otros no, pero sobre la que unos y otros coincidimos en que es insuficiente (más también imprescindible) para dar cuenta de la experiencia de la poesía. 

Recordemos dos de esas respuestas fragmentadas, en las que se esboza el sentido que destinamos al enunciado “la poesía por otros medios”. 
 
La poesía no es únicamente el poema escrito, sino todo aquello referido a la vida cotidiana capaz de instaurar en su flujo monocorde un sobresalto por el cual es posible considerar la existencia como sorprendente y extraña, como un don singular que debemos apurar hasta el fondo. La poesía, entendida como poiesis, creación de mundo y sensibilización de lo que nos rodea, proporciona una vivencia inmediata, no intelectual sino anímica, desorientadora y, por eso mismo, amplia. (Manuel Crespo).

La poesía es el proceso que lleva a la auto-consciencia de la libertad inalienable a todo ser humano, la libertad que es núcleo de todo ser humano, que se manifiesta en ese momento en que se siente libre no como proyecto o deseo, sino como realidad concreta y vivida, por mucho que las circunstancias evidentes lo nieguen. Así pues, la poesía nos planta en la cara la consciencia de nuestra libertad intrínseca al hecho de existir, pero a la vez nos hace ver cuánto acallamos esta libertad, cuánto nos amoldamos a las circunstancias que nos invitan a acallarla. (Antonio Ramírez).

Enlazan estas manifestaciones, hoy, con una concepción surrealista de la poesía, que es histórica, como actividad del espíritu y, en este dominio, como energía revolucionaria, pues interviene en todo el campo de lo sensible con aspiración de transformarlo. Concepción que siempre ha supuesto un desafío a la complacencia de todos los formalismos y culturalismos que petrifican una y otra; una concepción poética que ha sido penetrada por la vida, y una actividad de espíritu que intensifica la vida. No en vano la vida es, para los surrealistas, el solo lugar de la poesía, y ahí no se distinguen, más que por sus propios modos de manifestación, los hallazgos experimentales de los encuentros experienciales. Dicho de otra manera, la operación de gran envergadura sobre el lenguaje -sobre todos los lenguajes- que realiza desde su fundación el surrealismo, entra en coalescencia con los azares de una vida hasta conformar un panorama que hay que afrontar con la conciencia de su terribilità, pues ante él se es conminado a mirar, como dijo Vincent Bounure “cara a cara a Eros” (lo que sin duda es menos protector que hacerlo a la realidad). Precipitarse en los brazos de Eros supone abrazar la vida como drama de amor, con todas las consecuencias, entre ellas la de la transformación revolucionaria de un sistema social, porque el drama de amor es inseparable del drama de la propia existencia, ya que el drama de un solo hombre compromete al mundo entero. En términos parecidos se expresaba el Grupo surrealista de París hace doce años: “Es una necesidad absoluta que el drama poético no se disocie del drama revolucionario, a fin de que sus potencialidades sean cosa de todos, siendo la potencia de la pasión por sí sola capaz de llevar a las conciencias a reconocerse en la voluptuosidad del vivir, lo que solamente se consigue en una correspondencia sin reservas” (Respuesta colectiva a la Encuesta, articulada por varios grupos surrealistas, y destinada a componer el nº 3 del Boletín Surrealista Internacional -que nunca llegó a salir- Le surréalisme et devenir révolutionnaire, París, 1994).

Reconocemos en esta actitud pasional y refractaria hacia todo lo que quiere someter la vida a sus regímenes particulares, uno de los principios de acción e intervención surrealista. Insurgencia del deseo de aquellos hombres que se rebelan, incluso por presencia de ánimo, contra las condiciones materiales y psicológicas que inoculan en el cuerpo social la idea de “fatalidad social”, paralizando así toda posibilidad de tener un vuelo imaginario propio. Desbordamiento del deseo de estas aguas estancadas, arrastrando una promesa de “libidinización” de la vida, de la vida práctica y de la vida mental. Aquí empieza a definirse “la poesía por otros medios”, al inducir, con el alumbramiento de esa luz negra, alentada por esa criatura luciferina, una profunda transformación de los hábitos del pensamiento que pueda, por penetración, abundar en la transformación radical de las conductas normalizadas. Esta transformación sólo puede tomar la dirección de un asalto a los cielos de todo el campo de lo sensible, a la vez que se hacen añicos los relojes que marcan el tiempo de su detención; la ruptura, por lo tanto, de lo que quisiera petrificar la vida y estratificar la poesía en una linealidad histórica invariable, ciñendo sus potencialidades a los requisitos de cualquier jerarquía. Pues no cabe, para los surrealistas, más que establecer con ella una relación que se anime de una sublevación interna que tenga el grado de reflexividad necesario como para insuflarle un impulso libertario que propicie, como paso inmediato, su desencadenamiento del dictado de los amos y, en todo momento, una fidelidad a la insubordinación. 

Entre paréntesis: Hemos hecho uso en varias ocasiones de la palabra revolución y ello podría resultar excesivo teniendo en cuenta que atravesamos un periodo de la historia en el que nada indica siquiera su pre-situación. No se olvide, en cualquier caso, que la revolución es, ante todo, un estado de espíritu, una latencia que fraterniza con “la poesía por otros medios” en su afán emancipador. En el estado actual de cosas, ésta última se hace depositaria de un espíritu revolucionario al ejercer la crítica radical permanente del clima socio-político e intelectual de su época, conduciendo su energía mediante una imaginación que se alza contra las formas establecidas de vida y pensamiento.

La conciencia de esta crítica y ese alzamiento confieren a la concepción surrealista de “la poesía por otros medios” uno de sus principios revolucionarios, pero sin confundir la singularidad de sus acciones ni de sus manifestaciones, conservando su irrenunciable no dependencia a ideología política o programa filosófico alguno que quisiera apropiarse de la acción y del pensamiento revolucionario. A su vez, por ese principio cobra significación concreta “la poesía por otros medios”, ya que se encarna en las distintas ceremonias, imprevistas o construidas, individuales y colectivas, de los hombres que se quieran sus destinatarios. 

Estas ceremonias, por simple coherencia, son aquellas con las que se aspira a señalar la existencia de un imaginario emancipado del que parece haber fijado, circunstancialmente si se quiere, pero con terrible arraigo, la cultura de la simulación, que tiende a modelar el mundo a semejanza de los instrumentos que la hacen posible; instrumentos high tech (no es inofensivo el modismo empleado) que inducen una “interiorización de la técnica” (Annie Le Brun, Del exceso de realidad, pág. 22, Fondo de Cultura Económica, México, 2004) que tiende a colonizar todo el aparato afectivo del ser humano, infestándolo con sus radiaciones telemáticas, cibernéticas, virtuales en último término. Pensemos, si no, en el sueño, “que desapareció simple y llanamente de nuestro horizonte (…) una mutilación que nos priva de todos los medios por los cuales, desde lo más hondo de nuestra soledad, podríamos ciegamente recobrar el mundo” (Annie Le Brunn, op. cit., pág. 17-18). Se querría, así, oponer mediante “la poesía por otros medios” -que sólo puede existir como ceremonia de los sentidos- una fuerte resistencia al envilecimiento de las actuales relaciones con el mundo y con el mundo sensible, del que la vida diaria representa su esfera más depauperada. Se trataría, en consecuencia, de no perder la perspectiva de “reapasionar la vida”, “precisamente porque justifica todas las formas de insumisión sensible, pasadas o venideras, como otras tantas respuestas inventadas a la única pregunta válida que es saber cómo vivir” (Annie Le Brunn, op. cit., pag. 27).

Aquí se encuentra el verdadero propósito de “Situación de la poesía por otros medios a la luz del surrealismo”, ahora ya sin paréntesis; y las distintas intervenciones en las que tomará cuerpo serán, a la vez que un fundamento teórico, el reflejo de su proyección experimental y vivida.

Grupo surrealista de Madrid
Abril-mayo, 2006
Páginas: 
206
Año: 
2006

Los días en rojo

Publicado por:

Ediciones Pepitas de calabaza, Logroño. http://pepitas.net/

Se cumplen casi veinte años del inicio de la actividad del Grupo Surrealista de Madrid como tal, y de su más significativa publicación, la revista Salamandra. Y sin conocer –ni mucho menos esperar– cuando llegará su final, reunimos aquí, dispuestos en orden cronológico, los escritos redactados de forma colectiva con la intención de cortarle el paso a los acontecimientos y aportar su particular punto de vista con respecto a la omnipresente cuestión social. El lenguaje, la creación, el intercambio, el trabajo, el deporte, la relación con la naturaleza y lo salvaje, la psicogeografía, el juego, el encuentro de distintas cosmovisiones, etc., son «perfectas coartadas» para activar una crítica implacable al modelo actual de civilización, al que en todos sus aspectos se trata de hostigar, a la vez que se arroja nueva luz sobre las viejas formas de acción que se tornan dañinas a la tarea de hacer avanzar la crítica al Viejo Mundo. Para llevar a buen puerto estos fines, el Grupo Surrealista de Madrid hace uso de la percepción, la experimentación, el juego, la deriva y, en definitiva, de la experiencia de lo maravilloso. Todo esto se concreta en el plano práctico en un proyecto político de vida poética, o lo que es lo mismo, en una «actividad colectiva empeñada en realizar los sueños». Tal proyecto y tal actividad hacen del pensamiento de sensibilidad surrealista (lo que algunos definieron cómo «el padre al querríamos ver muerto») un sujeto enteramente vivo, que camina en dirección opuesta a las modernas ideologías «radicales» televisadas que ahora se nos ofrecen como manuales de supervivencia. Sin entrar –de momento– en la discusión de si el surrealismo es el padre al que odiamos o al que amamos, y al margen del etiquetaje dispuesto para el consumo, proponemos dejar los prejuicios a un lado y embadurnarnos en la harina que mancha este libro, para llegar a constatar en qué medida la carga subversiva del surrealismo esta aún muy lejos de ser desactivada.

Páginas: 
240
Precio: 
€9.50
Año: 
2005

Aviso para la próxima demolición del nuevo teatro Olimpia

Ni en el orden del urbanismo ni en el de ningún otro, nada bueno puede venir de las alturas burocráticas donde moran nuestros amos. Al vaciamiento y desecación acelerados de Madrid, a la destrucción del tejido humano y del medio natural circundante, ocupadas por la metástasis inmobiliaria y la concentración disparatada e irracional de hombres y recursos económicos, se une ahora la puntilla especulativa de unas Olimpiadas con las que se quiere distraer a una ciudad que ya no tiene fuerzas ni para lamerse las heridas y que no está para ninguna fiesta, y menos las que organiza el capital, donde sólo seremos criados, espectadores y, finalmente, pagadores.

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Es un hombre o una piedra o un árbol el que ha sido extinguido

1. En el nº 6 de la revista Salamandra , publicado en el mes de noviembre de 1993, se podía leer un artículo titulado Un jardín precioso de rocas , que estaba dedicado a ‘un hombre que atiende al apelativo de Man', quien había levantado un magnífico jardín ideal ‘situado en la costa gallega, en la población de Camelle'. Compuesto por rocas y troncos de madera ensamblados con cemento, el jardín sugería un espacio y unas formas que cristalizaban tanto el deseo como el sueño, tal vez porque era el testimonio de la construcción de una vida, no una obra.

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El falso espejo: La imagen y lo imaginario en la era del espectáculo

Un hecho fundamental destaca en la cultura mediática de la imagen, y es que el Poder ha sabido utilizarla como evidencia vanguardista de su discurso, convirtiéndola en el fundamento de sus fines: la instrumentalización de lo imaginario. Así, el poder ha encontrado en la imagen una herramienta insospechadamente eficaz y estetizante que a la vez que instaura el orden objetivo de la apariencia y del espejismo, hace aceptable su transparente violencia.

Para llegar a este estado de cosas, era preciso hacer ingresar la llamada libertad de expresión en las dinámicas liberales de la “sensura” (censura de sentido, término acuñado por el poeta francés Bernard Nöel), para hacerla reaparecer, tras un desplazamiento apenas perceptible, bajo un nuevo nombre: libertad de representación, concepto sin duda más cercano al de libre mercado con el que se asocia. Gracias a esta tergiversación, que toma la forma de un cataclismo, la representación está ocupando cada vez más un puesto preferente con respecto a la imaginación, hasta el punto de que podemos afirmar que la imaginación, regida ahora por las leyes de la representación, está perdiendo toda connotación de interioridad. Esto es, desde luego, un desastre que promete arrasar con el antiguo “pecado de pensamiento” que (...) Leer más

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Los días en rojo: Por un proyecto político de vida poética

Hoy parece claro que la empresa de los revolucionarios consiste en hallar nuevas formas de liberación de los hombres y mujeres del mundo. Nuevas formas que, como dice F. Rosemont, “les liberen de sus represiones y que, en vez de ocultarles el horror omnipresente, puedan reconocerlo y así cambiar el sistema social que lo perpetúa”.

Procurarnos la realidad revolucionaria deseada con métodos racionalistas no parece ser hoy lo más eficaz. Como añade el propio Rosemont, “los argumentos racionales influyen en un número limitado de personas, durante un corto espacio de tiempo (…) Tratar de convencer a alguien, por medios racionales, de que abra los ojos a algo que es verdaderamente intolerable es doblemente ingrato: primero porque nadie quiere ver la horrible realidad tal como es, y en segundo lugar, porque incluso si se consiguiese hacerles ver algo de esa realidad, si se hace de forma racional, probablemente sólo serviría para aterrorizarles y paralizarles, en vez de moverles a la acción”.

Hoy nos parece que resultaría bastante infructuoso afrontar la ambición de emancipación humana sólo desde el punto de vista histórico, desde el análisis particular de la corriente filosófica revolucionaria correspondiente si en su perspectiva no está integrada la visión que al (...) Leer más

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Hermanos que encontráis bello cuanto os viene de lejos

La otra tribu: el enemigo
 
Hemos sometido muchas más veces de las deseadas el espíritu de los otros a exámenes de pureza para exorcisar nuestros propios errores. Desde el norte hasta el sur y del este al oeste, el drama del odio no ha cesado de envolvernos, y hemos visto como se interrumpía la comunicación que estaba destinada a producirse para mayor alegría del mestizaje. Para muchos, esta interrupción ha sido realmente dichosa, y se han reconocido a ellos mismos tocados por la mano de Dios.
 
HEMOS sentido imperiosamente que los demás se convertían en una amenaza dentro de nuestra cándida y pura atmósfera; que estas gentes extranjeras habían aparecido como monstruosas creaciones del infierno para taladrar nuestra limpieza, para robar el lugar que por derecho nos pertenece en el cielo. Los extranjeros –los enemigos–, todos ellos emanaciones venenosas que nos enredarían como la hiedra para sumergirnos en su impureza.
 
INSPECTORES del espíritu, nos complacemos en desayunar con la vieja y nueva propaganda, mientras nuestros ojos conservan aún sus legañas.
 
LAS sociedades occidentales capitalistas, y los pueblos europeos en particular, se nutren hoy con la cosecha de un (...) Leer más

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Doble refracción

El juego exige un total abandono al mismo. Se juega como se ama. Pasionalmente. A las órdenes de una llamada de la que, sin pretender descubrir su rostro ni la voz que la pronuncia, se sabe, sin embargo, de su facultad para hacernos caer en trance. Se juega y durante el tiempo que perdura, la memoria deserta. No es exagerado afirmar, al respecto, que en el juego, temporalmente, cierta pérdida de identidad adquirida se diluye junto a sus mecanismos alienantes ante el hecho flagrante de que durante ese intervalo de tiempo, la floración espontánea de otra nueva otorga, cuanto menos, el beneficio de rendirnos al estado de inocencia. Aquí no valen los equívocos: cuando se juega, se juega, y una conciencia total de su práctica y de su significado bastaría para poner en fuga cualquier disposición artificial de aproximación al juego.
 
El juego no es un hecho experimental aislado. Ni mucho menos un maquillaje de salón. Es ante todo una exploración incalculable, injustificable, «irresponsable»   del espíritu. En la medida que permite la recuperación de una conducta que sólo responde al principio de gratuidad más absoluta marca, a su vez, las pautas de un comportamiento cuya más inmediata respuesta (...) Leer más

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