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Situación de la poesía (por otros medios) a la luz del surrealismo

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INTRODUCCIÓN

La oportunidad de estas Jornadas que denominamos “Situación de la poesía (por otros medios) a la luz del surrealismo”, surge de un debate interno que tuvo en el otoño de 2005 su penúltimo capítulo. Se trataba de una “Encuesta sobre la poesía” en la que se reflexionaba sobre toda su problemática, la cual va más allá de lo que la disuelve en el espectáculo integrado y de lo que también la fija a la sola escritura poemática, expresión que, entre nosotros, unos rechazan y otros no, pero sobre la que unos y otros coincidimos en que es insuficiente (más también imprescindible) para dar cuenta de la experiencia de la poesía. 

Recordemos dos de esas respuestas fragmentadas, en las que se esboza el sentido que destinamos al enunciado “la poesía por otros medios”. 
 
La poesía no es únicamente el poema escrito, sino todo aquello referido a la vida cotidiana capaz de instaurar en su flujo monocorde un sobresalto por el cual es posible considerar la existencia como sorprendente y extraña, como un don singular que debemos apurar hasta el fondo. La poesía, entendida como poiesis, creación de mundo y sensibilización de lo que nos rodea, proporciona una vivencia inmediata, no intelectual sino anímica, desorientadora y, por eso mismo, amplia. (Manuel Crespo).

La poesía es el proceso que lleva a la auto-consciencia de la libertad inalienable a todo ser humano, la libertad que es núcleo de todo ser humano, que se manifiesta en ese momento en que se siente libre no como proyecto o deseo, sino como realidad concreta y vivida, por mucho que las circunstancias evidentes lo nieguen. Así pues, la poesía nos planta en la cara la consciencia de nuestra libertad intrínseca al hecho de existir, pero a la vez nos hace ver cuánto acallamos esta libertad, cuánto nos amoldamos a las circunstancias que nos invitan a acallarla. (Antonio Ramírez).

Enlazan estas manifestaciones, hoy, con una concepción surrealista de la poesía, que es histórica, como actividad del espíritu y, en este dominio, como energía revolucionaria, pues interviene en todo el campo de lo sensible con aspiración de transformarlo. Concepción que siempre ha supuesto un desafío a la complacencia de todos los formalismos y culturalismos que petrifican una y otra; una concepción poética que ha sido penetrada por la vida, y una actividad de espíritu que intensifica la vida. No en vano la vida es, para los surrealistas, el solo lugar de la poesía, y ahí no se distinguen, más que por sus propios modos de manifestación, los hallazgos experimentales de los encuentros experienciales. Dicho de otra manera, la operación de gran envergadura sobre el lenguaje -sobre todos los lenguajes- que realiza desde su fundación el surrealismo, entra en coalescencia con los azares de una vida hasta conformar un panorama que hay que afrontar con la conciencia de su terribilità, pues ante él se es conminado a mirar, como dijo Vincent Bounure “cara a cara a Eros” (lo que sin duda es menos protector que hacerlo a la realidad). Precipitarse en los brazos de Eros supone abrazar la vida como drama de amor, con todas las consecuencias, entre ellas la de la transformación revolucionaria de un sistema social, porque el drama de amor es inseparable del drama de la propia existencia, ya que el drama de un solo hombre compromete al mundo entero. En términos parecidos se expresaba el Grupo surrealista de París hace doce años: “Es una necesidad absoluta que el drama poético no se disocie del drama revolucionario, a fin de que sus potencialidades sean cosa de todos, siendo la potencia de la pasión por sí sola capaz de llevar a las conciencias a reconocerse en la voluptuosidad del vivir, lo que solamente se consigue en una correspondencia sin reservas” (Respuesta colectiva a la Encuesta, articulada por varios grupos surrealistas, y destinada a componer el nº 3 del Boletín Surrealista Internacional -que nunca llegó a salir- Le surréalisme et devenir révolutionnaire, París, 1994).

Reconocemos en esta actitud pasional y refractaria hacia todo lo que quiere someter la vida a sus regímenes particulares, uno de los principios de acción e intervención surrealista. Insurgencia del deseo de aquellos hombres que se rebelan, incluso por presencia de ánimo, contra las condiciones materiales y psicológicas que inoculan en el cuerpo social la idea de “fatalidad social”, paralizando así toda posibilidad de tener un vuelo imaginario propio. Desbordamiento del deseo de estas aguas estancadas, arrastrando una promesa de “libidinización” de la vida, de la vida práctica y de la vida mental. Aquí empieza a definirse “la poesía por otros medios”, al inducir, con el alumbramiento de esa luz negra, alentada por esa criatura luciferina, una profunda transformación de los hábitos del pensamiento que pueda, por penetración, abundar en la transformación radical de las conductas normalizadas. Esta transformación sólo puede tomar la dirección de un asalto a los cielos de todo el campo de lo sensible, a la vez que se hacen añicos los relojes que marcan el tiempo de su detención; la ruptura, por lo tanto, de lo que quisiera petrificar la vida y estratificar la poesía en una linealidad histórica invariable, ciñendo sus potencialidades a los requisitos de cualquier jerarquía. Pues no cabe, para los surrealistas, más que establecer con ella una relación que se anime de una sublevación interna que tenga el grado de reflexividad necesario como para insuflarle un impulso libertario que propicie, como paso inmediato, su desencadenamiento del dictado de los amos y, en todo momento, una fidelidad a la insubordinación. 

Entre paréntesis: Hemos hecho uso en varias ocasiones de la palabra revolución y ello podría resultar excesivo teniendo en cuenta que atravesamos un periodo de la historia en el que nada indica siquiera su pre-situación. No se olvide, en cualquier caso, que la revolución es, ante todo, un estado de espíritu, una latencia que fraterniza con “la poesía por otros medios” en su afán emancipador. En el estado actual de cosas, ésta última se hace depositaria de un espíritu revolucionario al ejercer la crítica radical permanente del clima socio-político e intelectual de su época, conduciendo su energía mediante una imaginación que se alza contra las formas establecidas de vida y pensamiento.

La conciencia de esta crítica y ese alzamiento confieren a la concepción surrealista de “la poesía por otros medios” uno de sus principios revolucionarios, pero sin confundir la singularidad de sus acciones ni de sus manifestaciones, conservando su irrenunciable no dependencia a ideología política o programa filosófico alguno que quisiera apropiarse de la acción y del pensamiento revolucionario. A su vez, por ese principio cobra significación concreta “la poesía por otros medios”, ya que se encarna en las distintas ceremonias, imprevistas o construidas, individuales y colectivas, de los hombres que se quieran sus destinatarios. 

Estas ceremonias, por simple coherencia, son aquellas con las que se aspira a señalar la existencia de un imaginario emancipado del que parece haber fijado, circunstancialmente si se quiere, pero con terrible arraigo, la cultura de la simulación, que tiende a modelar el mundo a semejanza de los instrumentos que la hacen posible; instrumentos high tech (no es inofensivo el modismo empleado) que inducen una “interiorización de la técnica” (Annie Le Brun, Del exceso de realidad, pág. 22, Fondo de Cultura Económica, México, 2004) que tiende a colonizar todo el aparato afectivo del ser humano, infestándolo con sus radiaciones telemáticas, cibernéticas, virtuales en último término. Pensemos, si no, en el sueño, “que desapareció simple y llanamente de nuestro horizonte (…) una mutilación que nos priva de todos los medios por los cuales, desde lo más hondo de nuestra soledad, podríamos ciegamente recobrar el mundo” (Annie Le Brunn, op. cit., pág. 17-18). Se querría, así, oponer mediante “la poesía por otros medios” -que sólo puede existir como ceremonia de los sentidos- una fuerte resistencia al envilecimiento de las actuales relaciones con el mundo y con el mundo sensible, del que la vida diaria representa su esfera más depauperada. Se trataría, en consecuencia, de no perder la perspectiva de “reapasionar la vida”, “precisamente porque justifica todas las formas de insumisión sensible, pasadas o venideras, como otras tantas respuestas inventadas a la única pregunta válida que es saber cómo vivir” (Annie Le Brunn, op. cit., pag. 27).

Aquí se encuentra el verdadero propósito de “Situación de la poesía por otros medios a la luz del surrealismo”, ahora ya sin paréntesis; y las distintas intervenciones en las que tomará cuerpo serán, a la vez que un fundamento teórico, el reflejo de su proyección experimental y vivida.

Grupo surrealista de Madrid
Abril-mayo, 2006

Publicado por:

Año: 
2006
Páginas: 
206