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Homenaje a Luis Andrés Edo del Grupo Surrealista de Madrid

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Es sin duda innecesario y hasta petulante que en este breve mensaje de homenaje y amistad pretendamos, nosotros los surrealistas, rememorar y comentar los hechos y peripecias de una vida revolucionaria ejemplar, en la FIJL y en la CNT, en Defensa Interior y en Solidaridad Obrera, en Barcelona y en el exilio. Otros testimonios lo habrán hecho ya, con más conocimiento de causa, y hablando muchas veces desde la primera persona del que ha compartido un mismo combate contra el escándalo permanente de este mundo abyecto. Permítasenos entonces que contribuyamos con un testimonio más modesto pero afectivo, aunque quizás en el mismo podamos aportar algún matiz más que añadir al rico calidoscopio que cristaliza una vida cuando, como la de Luis Andrés Edo, es verdaderamente vivida a la altura que la misma Vida exige, y no la servidumbre ni la supervivencia.

 Conocimos por primera vez a Luis Edo en el marco de la exposición que el Grupo de Paris del Movimiento Surrealista organizó en 1997, en la sede de la CNT y de la FELLA en Barcelona, en la calle Joaquín Costa. Esta exposición fue acompañada de algunas charlas, y de ahí surgió la idea de organizar también nosotros al año siguiente una exposición y, mejor aún, todo un ciclo de charlas al que dimos el título de “Alientos de lo posible”. Y en efecto lo posible alentó lo imposible, porque a esas charlas le sucederían otras presentaciones de la revista Salamandra, de libros varios, y hasta un nuevo ciclo de conferencias que con el nombre de “Situación de la poesía por otros medios” daría lugar a un flamante libro editado con la participación de la FELLA. Bueno, puede que algunos de estos datos sean conocidos por los amigos que se han reunido esta tarde, puede que incluso alguno haya asistido a ellos, pero lo que nos importa es que sin el calor, la ayuda y el ánimo de Luis Edo, junto, evidentemente, con el apoyo similar de otros amigos como Abel, Dolors, Inma, Juan Luis o Mateo, ninguna de estas iniciativas se hubieran llevado a cabo. En cuanto a Luis, es difícil explicar la importancia que podía suponer para nosotros la actitud simpática y atenta de una persona de su trayectoria y bagaje, en cuanto que “surrealista” podía ser fácilmente interpretado por los compañeros anarquistas, ¡nada menos que de la CNT de Barcelona!, en clave de “artista que se mira el ombligo y señala una nube con el dedo”, o, más claramente, de “artista burgués” y punto; y en cuanto “surrealistas de Madrid”…vaya, nos ahorraremos el chiste fácil, porque ya se sabe que por desgracia los prejuicios existen, circulan en todas las direcciones incluso a nuestro pesar, y como el dinero o la religión trabajan para el poder. 

Afortunadamente y como no podía ser menos, y todos estos años de amistad y colaboración demuestran, se trataba de temores infundados. Pero si una persona contribuyó a que se disiparan, esa fue Luis Andrés Edo. Y no solamente, y ahora llegamos a lo que queríamos destacar, no solamente porque Luis tomara en serio nuestros planteamientos escuchando con verdadera atención las charlas y presentaciones, sino porque estaba en la misma longitud de onda. Con esto no queremos decir que habitualmente estuviera de acuerdo, no, en muchas ocasiones, y esto era también muy de agradecer, contradecía los argumentos, preguntaba lo que no había quedado claro o era demasiado confuso, polemizaba y no daba su brazo a torcer cuando así lo consideraba necesario, exactamente como hacíamos nosotros. Pero siempre comprendía lo que queríamos decir porque hablábamos el mismo lenguaje en el que poesía, deseo, sueño, lo maravilloso, deriva o pasión no son marcas de perfume ni adornos literarios, sino conceptos y experiencias y exigencias que pertenecen a la historia del movimiento revolucionario, y que sólo en y con la revolución se realizarán plenamente. Y es que Luis Edo conocía a la perfección el surrealismo y la Internacional Situacionista, como nos pudimos percatar después de los primeros encuentros; cómo no los iba a conocer, si su nombre sale citado, sin ir más lejos, en la correspondencia de Guy Debord; o si él mismo escribió en “La Corriente” que “desde la izquierda el «Surrealismo», en 1924, y el «Situacionismo», en 1957, intentaron romper aquellas estructuras, pero fracasaron por su carácter vanguardista” (lo cortés no quita lo valiente, ni, como ya se ha dicho, el interés la discrepancia); o, en fin, y por ofrecer un ejemplo mucho más reciente, si reivindicaba “conceptos nuevos como las «asambleas ambulantes», por llamarlas de alguna manera, de los antiglobalización o la manifestación del Mayday durante el último 1º de mayo en Barcelona, que tanto me recordó a ciertas acciones situacionistas” (entrevista con Mateo Rello, Solidaridad Obrera, nº 322, 2004). Recordar esto no es un halago sin fundamento: no muchas personas, revolucionarias o no, intelectuales o no, “peones ilustrados” o no, pueden vanagloriarse de un conocimiento y de una comprensión así, que él integraba como contrapunto y estímulo a la tradición anarquista a la que siempre fue fiel. Por ello mismo, hablar ahora del veterano que “se mantiene despierto” a las nuevas tendencias de la subversión, sería tan injusto como trivial: Luis Andrés Edo pertenecía a esas tendencias, a esas corrientes por utilizar ese término suyo tan querido, participaba en ellas, las ha construido hasta el último momento de su vida.

Solamente por eso, ya merecería que se dijera de él que también buscaba el oro del tiempo. Como Luis también sabía, como sabemos todos los que estamos hoy aquí físicamente y en la distancia, ese oro no es el oro que acumula la economía, ese tiempo no es el tiempo que marca el reloj del trabajo ni  la clepsidra de la obediencia. Para estar a la altura de tal vida, y ofrecer un verdadero homenaje y no una vacía ceremonia de compromiso, sólo nos queda perseverar también nosotros en la misma búsqueda contra los relojes y contra los economistas.