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El lenguaje velado

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Desde hace ya bastantes años he ejercido la sencilla actividad del paseo, con la certeza de dejarme extraviar. En varios de estos paseos me he topado con la presencia enigmática de algunos comercios (en desuso o cerrados) cuyos letreros que les dan nombre han sufrido la pérdida de alguna de sus letras, provocando de este modo una pérdida de referencia o de identidad de ese mismo establecimiento.
 
Si una de las funciones utilitarias del lenguaje es la de identificar un objeto, hacerlo inteligible, en este caso asistimos a su azaroso y primigenio uso subversivo. El lenguaje de la servidumbre con el que opera la publicidad, lenguaje que es constantemente sometido a una reducción de palabras y sentido, que impide el libre movimiento del pensamiento, lenguaje a la medida del hombre reducido a un simple consumidor de objetos, ha encontrado en sí mismo un cansancio tan agotador que parece provocar su propio y lento derrumbe.
 
Y de nuevo ante nosotros el lenguaje como juego, de nuevo la posibilidad de llevar a cabo “experimentos mágicos con las palabras”. Todo empieza con un balbuceo, un querer decir: ausencia de significado y presencia rotunda de un significante que resplandece a semejanza de una víctima ofrecida en sacrificio. Estas palabras desarticuladas han perdido su referente, han quedado a la intemperie del sentido obligando a quien las percibe a reivindicarlas. No cabe la menor duda: ‘los misterios de la formación de las palabras, que nunca imaginé, estaban ahora desnudos ante mí’.
 
He aquí una dialéctica o alquimia del lenguaje cuya resolución constituye uno de los secretos del pensamieno poético: Anz es la expresión encarnada de la angustia, el camino mental que hay que recorrer desde la hasta la es de la misma índole que el que debe recorrer el trapecista de un trapecio a otro: es ese mínimo instante de tensión el que atraviesa raudo el movimiento de la poesía. Momento de pérdida si el balbuceo se ahoga en sí mismo o revelación de un peldaño más de la escalera de lo posible.
 
Ese posible puede estar propiciado por el extraño entretejido de lenguas diferentes:as na as es la transcripción fonética de la expresión en lengua checa de “y conocerás”, ¿advertencia o invitación? Si damos vuelta el espejo –azogue promisorio o disolvente fatídico– leemos “samsa”: el absurdo cotidiano nos abre un resquicio por donde perdernos en un vértigo cuyo final no deja de sernos inescrutable.
 
Estos letreros que han tenido la bondad de ser un reclamo de los objetos de consumo han devenido en víctimas propiciatorias de un reencantamiento de la ciudad: su mutilación no es en vano, introduce el tiempo de la espera. Y de nuevo el movimiento dialético acentúa su persistencia. En ese intervalo se pone en juego la posibilidad de una certidumbre: ¿estamos asistiendo al pronunciamiento de un oráculo? ¿sería posible, aunque temerariamente, intuir el final de la mercancía como símbolo de la afirmación del ser humano tal como es entendido en la sociedad del beneficio personal o corporativo? ¿podríamos afirmar, con Maurice Blanchot, que ‘todo lo que decimos no tiende sino a ocultar la única afirmación: que todo debe desaparecer…’.

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