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POEMAS

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Amor de sexo a sexo
chorreando frenéticos fulgores
entre escombros de humo y sangre,
entre licuadas pelambres de ruidosas nueces.
 
Lunas hinchadas y pintarrajeadas
milagrosamente con el betún
espumoso del clamor de los cuerpos,
de la gota de sudor mezclada al mal aliento,
y su erecta ortiga de calor,
 
del mar mil veces mutilado por el sol.
 


Te sigo intemperie por las avenidas

que se coagulan a tu paso meteoro de humedades
Te sigo y arrastro conmigo el agrio borbotón
de los pasos de cebra y su oleaje mágico
y para no olvidarte voy dibujando
el perfil de tu mirada
con el rastro de niebla que vas dejando
en la cornisa de tu parpadeo.
 
Parpadea para que te oigan mis ojos
que voy rompiendo
en infinitos anillos de humo donde guardo
tu imagen siempre reflejada.
Parpadea para que te sepa luminosa,
para que acierte a hundirme
en la comisura violácea de tus ojos,
perfilados con el rastro de niebla
que aún me queda de ti,
establo de mi amor.
 
Mujer que amo por encima del amor mismo
con la languidez de los tubérculos,
absorbes el azogue de todo espejo,
furor de hidrógeno.
 
 *
 
Te declaro mi amor
y me escupo de succiones indecentes,
de rabia agradecida,
largamente oculta en mi regazo simplón,
que es mi pasión por tus ojos peninsulares
que sobrevuelo atisbando una desbandada
de corrientes subterráneas,
un flujo y reflujo deslumbrantes
que aprecio como una huella imborrable.
 
Mi pasión por tus manos inverosímiles
y crujientes y represivas
que mascullan como orangutanes
en la garganta de mi peste,
mi pasión por tus labios de esperma
que hago estallar en mil pedazos
y mil lenguas que bebo
y me consumo en tu ignorancia del amor,
que no existe salvo en ti
y en tu iconoclastia de toda idea del amor.
 
Te declaro mi amor aun a sabiendas
de lo inútil de esta declaración,
que es una purga o breve polución
sobre mi oreja.
 
*
 
No compartir
la hormiga que te hurga el ojo.
 
Y aún,
ariscamente,
amar todas tus grietas,
amar la oreja pujante de tu insomnio
atascado en su incapacidad de ser,
en su pereza de desgarro petrolífero,
en su letargo tórrido de mosca
que punza
y rebuzna
con la boca torcida
un amor de araña carcomida,
un amor rígido como un cuajo.
 
*
 
Atolondran, y qué placer,
estos remolinos de suicidio
que circulan de improviso
por cada hueco de nostalgia.
 
Suicidio en bruma de traca
punzando el estómago,
demasiado abierto el pescuezo.
 
La risa se trastabilla, la tontita,
y quédase quietecita,
pegada a la ventana,
como si la muerte no supiera
o no quisiera.
 
*
 
Quiérote así,
a rajatabla de presencias,
el aliento enervado.
 
Quiérote así,
arremangada hasta
las más ínfimas astillas.
 
Enloquecida pordiosera
de azúcares extraños,
el corazón depuesto
por la boca de orina.
 
 *
 
Tristezamente
se me ahonda
el cogollo a la entrepierna,
que se desploma
cual lengua de toro estocado,
cansado de la servidumbre
al excremento.
 
Carámbano destartalado,
tirita la catarata
de tu sello repujado de huracanes
y quiébrase
el gozne con ruina de palabras.

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