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Esta revolución no tiene rostro

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Wu Ming es el nombre del colectivo de activistas italianos que se define a sí mismo como ‘laboratorio de diseño literario que trabaja con distintos medios en distintos proyectos'. Descendientes del movimiento agrupado en torno a la personalidad abierta Luther Blissett, son autores de los conocidos libros (1) (editado aún bajo el citado nombre colectivo) y más recientemente 54 (2) firmado ya bajo el nombre Wu Ming. Se reclaman a sí mismos descendientes de la narrativa hispanoamericana y del lenguaje de los zapatistas, así como contrarios a todo subjetivismo y experimentación en literatura que entorpezca la comunicación con el lector. El libro Esta revolución no tiene rostro (3), recopila artículos y material disperso del grupo y lo organiza siguiendo las líneas generales de intención del colectivo.
 
Partiendo de la base de una puesta al servicio de la revolución de las capacidades propias, estos escritores pretenden articular el imaginario del movimiento global para dirigirlo hacia su utilización práctica o, en todo caso, funcional. La materia prima con la que pretenden trabajar son aquellas historias que articulan el pensamiento y los deseos de la masa, aquellas narraciones que surgen del interior de las comunidades y que parecen proporcionar las claves para entender sus miedos, sus deseos y sus aspiraciones, aquellos relatos que explican el mundo y, lo que es casi más importante, sirven para explicárselo los unos a los otros: los mitos. Estos, fuente de obsesiones para tantos, surrealistas incluidos, durante tanto tiempo, pero igualmente olvidados o ninguneados por otros en pro de una “materialización” absoluta de la actividad política, vuelven así al primer plano de la lucha revolucionaria o, cuando menos, se proponen como tema de debate en determinados círculos de los que estaban prácticamente deshauciados.
 
La metodología de los Wu Ming respecto a los mitos es clara. Se trata de recuperar aquellas narraciones que, nacidas en el seno de los movimientos revolucionarios, sirvan para poner a los lectores frente a su propia experiencia, liberándola. Usar el poder catártico de cada mito para ayudar a transformar el mundo, utilizando como medio la literatura. Su arma es la mitopoiesis que consiste en ‘la manipulación de los mitos; “romperlos en pedazos” y reconstruirlos para extraer de ellos la conciencia de entropía, sin renunciar a la razón (…) ni a la emoción' (pág. 42). Las narraciones de este colectivo se definen así como una suerte de arquitectura mitológica. Considero que esta comparación con la arquitectura es bastante acertada, por las consideraciones que explicaré más adelante. Y es que existe algo que resbala y que quizá el lector ya habrá adivinado por mis palabras. Si el mito es creado por la masa de forma espontánea, y corresponde a una necesidad psicológica colectiva; si está unido a la vida y a su espontaneidad por un hilo de Ariadna del que obtiene su poder, y si este poder es el que le confiere la facultad de resonar en el alma humana a través de los siglos de forma irreductible, ¿cómo activar un mito a través de un “corta y pega”, de una selección realizada por el escritor en base a unas necesidades políticas? (4) No hay que esperar demasiado para empezar a sentir el aire viciado del laboratorio, el aliento de aquellos que dicen saber qué es lo que la comunidad necesita (justo cuando los mitos se caracterizan por expresar aquello que la comunidad necesita por encima y a pesar de la propia comunidad). Prosiguiendo la comparación con la arquitectura, sabemos bien de ciudades construidas en base a su funcionalidad, que han tomado como punto de partida las “necesidades humanas” y su satisfacción, y que han resultado ciudades inhabitables al estar, ya no simplemente separadas, sino manifiestamente en contra de las verdaderas“necesidades humanas”. Más cerca de nosotros, estos mitos de diseño recuerdan demasiado a los no-lugares capitalistas, lugares funcionales, de paso, que cumplen su cometido impecablemente pero en los que nadie vive realmente. No está de más recordar que una operación de este calibre ya se intentó décadas atrás con la poesía, con los resultados que todos recordamos, o que no recordamos, o que no queremos recordar. Y es cuando en la introducción a este libro, realizada por Amador Fernández-Savater, se lee eso de que se van a construir ‘narrativas de masas políticamente orientadas', uno se pone inmediatamente a pensar .
 
La manipulación con fines políticos del mito, al igual que la manipulación de la poesía, no puede ser entendida más que como un intento de poner puertas al campo. Una subordinación que degrada a ambos. El poder de los mitos puede ayudar a la liberación integral del ser humano, no lo dudamos (muy al contrario, estamos convencidos de ello), pero como mitos en cuanto tales, no a través de su utilización para otra cosa . Mucho menos participando de una fabricación cuyo sólo planteamiento recuerda demasiadas cosas desagradables. Si el fin de un mito puede ser la liberación del hombre, y el de la acción política debe ser el mismo, ¿alguien tiene problemas con las líneas paralelas?
 
Otro de los frentes que más tinta han desatado alrededor de Wu Ming, y anteriormente alrededor de Luther Blissett, es el del concepto de autoría. Es sin duda admirable el esfuerzo de ocultación del autor que este colectivo lleva a cabo, y parece ser, desde lejos, la acción política que más apoyos y simpatías les ha reportado (5). A través del seudónimo se reclama la creación colectiva y el copyleft que tantos quebraderos de cabeza van a traer al poder y que se presenta como un arma de resistencia inevitable para el futuro. Además, resulta idóneo para el trabajo sobre los mitos, ya que permite que las historias sean contadas por el grupo, al estilo de autores colectivos como Homero o Hermes Trimegisto. Por eso, a Wu Ming le queda todavía por explicar de forma más convincente su decisión de clausurar el movimiento Luther Blissett. Y es que si Luther Blissett era una personalidad abierta, dispuesta para ser usada por cualquiera que quisiera hacerlo, un nombre vacío, de todos y de nadie, con el que nombrar una comunidad de sentido, no parece muy elegante, después de haber involucrado a colectivos e individuos, abandonarla de forma tan rápida como inconstante, y lo que es peor, dejando con su actitud la tierra quemada a cualquiera que quiera usarla en el futuro (6).
 
También parece algo borrosa la supuesta denostación de las vanguardias y el subjetivismo en favor de una supuesta “entendibilidad”. Mucho más cuando, llegado el momento en el que la tensión de los acontecimientos, como en los disturbios de Génova, sobrepasa el límite, estas técnicas son usadas para dar una visión lo más cercana posible al lector (pág. 137).
 
Con todo, este libro, de lectura claramente recomendada, evidencia una serie de tendencias del más alto interés. La participación directa de los miembros del colectivo en los sucesos de Génova les ha convertido en referencia obligada en el autodenominado “movimiento global”, y su trabajo de plasmación de los sucesos de aquellas jornadas, de sus intenciones y sus promesas les ha convertido en “portavoces” en el mejor sentido de la palabra. Repasando los artículos sobre Génova se pueden comprobar todas las grandezas del movimiento y palpar las diferencias del grupo, así como los problemas de organización de esa multitud , entendida como conjunto autónomo de individuos y grupos plenamente conscientes de lo que les une y de lo que les separa, en el que reside por igual la principal ventaja y una de las debilidades del movimiento. Al repasar las diferentes trifulcas que jalonan los artículos (contra los anarquistas, contra los colaboracionistas conscientes o no de su condición) se descubre que aún queda bastante para solucionar el problema de la articulación de esa multitud. No obstante, esto no es una condena, de ningún modo.
 
Por último, la recopilación se cierra con una muestra de cuentos. Aquí uno, y me permitirán que me salga un poco del marco, no puede evitar sonrojarse. Me explicaré: el primer cuento narra una reunión política. En contraste con los vibrantes textos sobre las movilizaciones genovesas en donde las narraciones en primera persona abundan y transmiten la inmediatez de los acontecimientos, este texto, por más vueltas que se le da, sólo parece poder interesar a aquellos personajes reales que estuvieron en aquella reunión; desde luego no a ninguna masa , ni siquiera a unlector . Lo mismo para los demás cuentos. Un aburrimiento del demonio. Se me dirá, con razón, que estos cuentos no son literatura sino política, pero entonces, si no son literatura, no hacía falta escribirlos, el acta taquigrafiada de la reunión tendría sin duda más interés…
 
Julio Monteverde
 
Publicado en «Salamandra», nº 13-14, 2003-2004.
 
NOTAS:
 
(1) Luther Blissett: Q, Mondadori, Barcelona, 1999.
 
(2) Wu Ming : 54 , Mondadori, Barcelona, 2003.
 
(3) Wu Ming : Esta revolución no tiene rostro . Acuarela. Madrid. 1002.
 
(4) André Breton lo expresó con mayor claridad cuando, en referencia a la actividad surrealista sobre el mito, hablaba de: ‘La absurda ridiculez que supondría querer promover un mito nuevo con nuestras propias manos'. En su texto Cometa surrealista, recopilado en Breton , André: La llave de los campos, Hiperión, Madrid, 1976.
 
(5) Ocultación que tampoco es pura. Ellos mismos se diferencian entre sí a través de números: Wu Ming 1, Wu Ming 2, etc…
 
(6) ¡Ah, pero claro! Entonces Luther Blissett ahora son Wu Ming ¿no es cierto?