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Otra casa poco sólida

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El ocho de Marzo de 2001, el edificio de los Almacenes Argüelles, situado en el bulevar Alberto Aguilera, en Madrid, se vino abajo de forma súbita. Como una sola pieza se derrumbó sobre su base. El motivo, según las investigaciones que se llevaron a cabo, parece haber sido las obras que se estaban realizando en el sótano del inmueble, y para las cuales no había licencia. Este edificio está (o estaba) en la ruta que, por aquella época, yo recorría todos los días dos veces para ir y venir del trabajo. La caída no me sorprendió allí ni cerca, aunque la posibilidad, más o menos remota, existiera.
 
Sin embargo, al día siguiente, como no era posible pasar por esa acera debido a los trabajos de desescombro y a los curiosos que merodeaban a falta de otra cosa mejor que ver, me vi obligado a dar un rodeo para ir al trabajo. Mientras daba este rodeo, justo a la altura del edificio caído pero en otra calle, entre la aglomeración de gente que se había acercado al lugar, me crucé con un hombre que, mientras andaba, leía elCaligramas de Apollinaire en una edición de bolsillo. Andaba y leía, sin parar ni mirar. Me sorprendió mucho porque precisamente yo llevaba en la mochila el Alcoholes y lo estaba acabando de leer en casa cuando me di cuenta de que se me hacía tarde para ir al trabajo. Me pareció que se me estaba escapando algo, pero, llevado por la prisa, pronto lo olvidé todo.
 
Una semana más tarde me encontraba revisando un texto que había escrito por la mañana y en donde, como una pieza que encaja suavemente sin haberlo siquiera buscado, había comenzado a hablar del edificio de la calle Argüelles y de su caída. Hablaba del hecho de que el edificio se hubiera derrumbado de golpe y sin que nadie pudiera predecirlo, sin aviso.
 
Y entonces me di cuenta. Fui a mi librería y cogí el primer tomo de una antología de André Breton (1). He aquí el poema que estaba buscando:
 
una casa poco sólida
El guarda de las obras es víctima de su abnegación
Desde hace mucho tiempo la manera de construir una casa situada en la calle de los Mártires era considerada como insensata por la gente del barrio. No habían colocado todavía la techumbre cuando los pintores y los tapiceros se dedicaban ya a decorar los pisos. Todos los días nuevos andamiajes apuntalaban la insegura fachada, con gran inquietud por parte de los transeúntes, a los que el guarda había de tranquilizar. ¡Ay! Éste tuvo que pagar su optimismo puesto que ayer, a las doce treinta, mientras los obreros habían ido a almorzar, el edificio se desplomó, enterándolo bajo los escombros.
 
Un niño, al que se halló sin sentido en el lugar del siniestro no tardó en recuperar el conocimiento. Es el pequeño Lespoir, de 7 años, que en seguida fue llevado con sus padres. Había sufrido más por el miedo que por el daño. Comenzó reclamando su patineta, sobre la cual se había lanzado desde la parte alta de la calle. El chiquillo cuenta que un hombre con un bastón se precipitó hacia él gritando ¡cuidado! Y quiso huir. Es de lo único que se acuerda. Lo demás ya se conoce. Su salvador, muy conocido por los alrededores con el nombre Guillaume Apollinaire, podría tener unos sesenta años. Había ganado la medalla al trabajo y sus compañeros le estimaban.
 
¿Cuándo podremos dar con la clave de este misterio? Se busca en vano hasta ahora, al contratista y al arquitecto de la casa caída. La emoción es considerable.
 
No he de ocultar mi inquietud al leer este texto, cuyas implicaciones y consecuencias no me abandonarían durante varias semanas. He aquí, de forma resumida, las que hasta el día de hoy he podido recoger:
 
El guarda de las obras es víctima de su abnegación.
En el accidente de los almacenes Argüelles sólo murió una persona, que permanecía trabajando en su hora de descanso.
 
Desde hace mucho tiempo la manera de construir una casa situada en la calle de los Mártires era considerada como insensata por la gente del barrio.
Como ya he apuntado, las causas oficiales del derrumbe de los Almacenes Argüelles fueron las obras que se estaban realizando en los sótanos de los almacenes, unas obras por completo ilegales y cuya temeridad provocó la catástrofe.
 
...casa situada en la calle de los Mártires...
La casa en la que yo vivía hasta pocos meses antes del accidente, se encuentra a escasos cien metros del edificio caído. Durante los últimos meses de nuestra estancia en ella, el edificio se encontraba en tal mal estado que el techo de uno de los cuartos de baño fue apuntalado debido al riesgo real de derrumbe. Como suele pasar en estos casos, lo que se suponía una medida temporal acabó por perdurar y los andamios continuaron amenazantes hasta que decidimos mudarnos. Días después del derrumbe de los Almacenes Argüelles uno de mis compañeros de piso pasó por la casa para recoger nuestro correo atrasado, encontrando el edificio completamente atravesado de andamios. Al entrar en él experimentó la sensación de que se encontraba abandonado, como si en años nadie hubiera vivido allí. Este hecho le provoco una viva extrañeza e inquietud. Huyó de allí sin preocuparse lo más mínimo del correo. Esta casa está situada en la calle mártires de Alcalá
 
...puesto que ayer, a las doce treinta, mientras los obreros habían ido a almorzar, el edificio se desplomó.
La hora en que se produjo el derrumbe de Madrid fue las 2 y 10, aproximadamente. Sin embargo no está de más recalcar que, a pesar de la diferencia, en el edifico de Argüelles no había casi nadie dentro porque a esa hora la gente había salido... a almorzar. Los medios de comunicación hablaron insistentemente de milagro a tenor de esta circunstancia, agravada sin duda por que tan sólo la apretura, unos segundos antes de la caída, del paso de cebra que hay frente a los antiguos almacenes, permitió salvar la vida a la gran cantidad de gente que esperaba en ese momento para pasar al otro lado. Los que cruzaban, tanto los que iban como los que venían, se encontraron en el centro de la calzada en el mismo instante en el que el edificio caía. Eso fue lo que les salvó: a unos haber salido segundos antes de que el edificio se derrumbara, a otros estar a unos segundos de llegar a la otra acera, donde el edificio les habría caído encima.
 
Es el pequeño Lespoir,
El texto que estaba escribiendo cuando tomé conciencia de todo esto que estoy relatando, lleva por título Esquema de los terrenos baldíos. Este título, sin duda extraño, ha sido mantenido contra viento y marea, a pesar de las dudas y los consejos de los amigos, y hace referencia a la frase de Oliverio Girondo: ‘¡La esperanza dispone de tantos terrenos baldíos!’. Igualmente, uno de los epígrafes de los capítulos es el verso de Huidobro ‘La esperanza de la esperanza es la esperanza sin esperanza’. Es claro que la idea de la esperanza, tal y como yo la entiendo resumida en la frase de Huidobro, atraviesa diagonalmente todo el texto.
 
Su salvador, muy conocido por los alrededores con el nombre Guillaume Apollinaire,
No añadiré nada sobre este punto a lo que ya he señalado más arriba. Tan sólo apuntar que, ya antes de todo esto, yo me había interrogado sobre este poema sin llegar a entender muy bien por qué estaba en una antología, ya que no me parecía un gran poema, o en todo caso, no me parecía que su presencia estuviera justificada exclusivamente por su calidad. Hace poco he sabido que Bretón "creó" el poema escogiendo la noticia de un periódico real, copiándola exactamente y permitiéndose únicamente cambiar los nombres propios.
 
Después de la caída del edificio de Argüelles se produjeron, casi en secuencia, varios derrumbes de edificios (en la calle Factor, por ejemplo) que produjeron una especie de histeria mediática, aunque se supuso que las intensas lluvias de ese invierno, y el deficiente estado de muchas construcciones del centro de Madrid tenían la culpa.
 
¿Cuándo podremos dar con la clave de este misterio? Seguiremos esperando pues.
 
Publicado originalmente en la revista Salamandra 13-14
 
Notas:
 
1. BRETON, André: Poemas I. Traducción de M. Álvarez Ortega. Visor Libros. Madrid. 1995

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