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Planetario

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El puente
 
Terrestre, en la memoria.
A través de los días, el deseo y el amor.
 
La noche se asienta tibia sobre el cráneo.
 
Bajo la luz de plata del horizonte.
Bajo la rueda de hierro en el motor inmóvil.
 
La noche subterránea que extiende sus párpados en el día.
 
Sobre el tiempo hay una semilla para la próxima lucha.
En ocasiones yo acaricio sus cabellos con la mente puesta en otro sitio.
 
Mecánica celeste
 
Volverá la mañana,
en la que esta luz será el aire corriendo.
 
Volveremos a las calles,
ya agotados, sobre los misterios del amor.
 
Tú no estarás.
 
Y será entonces el viento.
Y será entonces la música de los planetas
volando furiosa sobre el rostro de los solos.


 

Observatorio
Who by the fire?
L. Cohen.
La bajada circular en la mañana del sol y del agua, en la que una fuente señala el centro del tiempo. Por ella la aurora trae ríos en su lengua, y brotando en corrientes extrañas, forma encrucijadas con aquello que conoce, sombras que despiertan al recuerdo del tacto.
Es también, aunque de otra forma, el trabajo de mi memoria arañando la superficie del olvido, de todo lo que no conozco pero he visto. Y los caminos se separan aquí, ya que el roce despierta a gente muerta que busca el aire en las esquinas. Mucha gente muerta que cava los ojos de la tierra, expandiendo su aliento a través de mi vida y su dominio.
El libro de sombra con páginas de silencio quedó abierto por el centro. Es hoy la mañana del sol y del agua. Y yo, por unas horas, he formado parte de aquello que no se puede decir, bajo el fulgor.
 
 
 
Cruce
 
La ausencia.
Las calles, algunas estancias,
los libros y los cuerpos.
El sol saturando los ojos hasta el llanto.
 
Por aquel entonces el tiempo era una cárcel en mi pecho.
Una prisión destinada a dejar fuera a la existencia.
 
Y aunque allí habían muchas salidas
yo las fui atravesando todas
con otro rostro en la mano, a modo de máscara.
                                                        (somos legión)
 
 
 
1713
 
En el primer soplo del invierno.
Así como la realidad tiembla y se expande.
 
Mientras a ellos se les veía avanzar, yo comprendía.
La actitud del castaño señalaba un camino.
 
O también:
 
Dar forma a la relación,
que siempre parecía obedecer a un orden exterior
que, en su movimiento, se desarrollaba a través de un orden interior.
 
En aquel momento los cipreses se convirtieron en grandes receptores.
Y yo, por primera vez, abría los ojos a lo que serían
las grandes líneas de mi vida.
 
 
La primera mujer
 
Al mirar la palma de mi mano izquierda, una ola de puñales sacudió mi rostro, descarnándolo de un sólo corte. Me dicen que fue una venganza por los llantos torrenciales de la infancia, por las ganas de morir ya por entonces. También, aunque en otro plano, parece haber sido la reacción ante el recuerdo de una niña de largas trenzas negras. En aquella época yo andaba muy confundido. Por mis mejillas embarcaciones diminutas zarpaban en silencio, y yo me hacía azotar frecuentemente para sentirme corpóreo. Las flores se abrían delicadamente sobre las orillas del estanque. Aquello era la aurora, pero yo ya nunca lo sabría.

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