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Movimiento de las jubilaciones: para terminar con la sociedad industrial y las ilusiones de la izquierda

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Millones de personas en las calles. Llamamientos a la huelga indefinida. Puertos bloqueados desde hace dos semanas. Refinerías en huelga anunciando una próxima escasez de carburante. Miles de estudiantes de enseñanza media bloqueando sus liceos. El cabreo se generaliza y el movimiento contra la reforma de las jubilaciones toma cada vez más fuerza. Por todas partes se extiende la sensación de que nos estamos jugando algo decisivo. Nosotros formamos parte de este movimiento y nos solidarizamos con las personas que luchan contra la reforma de la jubilación y la explotación en general. Es legítimo que las personas que han trabajado toda su vida se nieguen a reengancharse por dos años suplementarios. Este rechazo está tanto más justificado cuando el reparto de la riqueza que unos pocos poseen podría permitir a todos tener una vida y una jubilación decentes.

Por otro lado, una gran parte del discurso que esgrime la izquierda y los opositores a la reforma nos parece en el mejor de los casos un callejón sin salida, y en el peor claramente peligroso. En efecto, no hay lucha posible contra la reforma de la jubilación si no se rechaza la robotización de nuestras vidas, y si no se sale del dogma del crecimiento y del empleo a toda costa. Es solamente teniendo en cuenta estas críticas que puede emerger un movimiento con verdaderas perspectivas.

Cuando los robots hacen que lo humano sea inútil…

Desde hace varias décadas, las máquinas y los ordenadores han ido suprimiendo cada vez más el trabajo humano. Gracias al progreso de la ciencia y la tecnología, y sobre todo a la aportación de los laboratorios del INRIA (Instituto Nacional de Investigación en Informática y Automática) en el CEA-Minatec de Grenoble, o de STMicroelectronics e IBM, la acumulación de capital requiere la explotación de un número mucho menor de seres humanos que antes. Aparte de ser más productivos, los robots tienen la inmensa ventaja de que no hacen huelgas, y tampoco necesitan jubilarse. Para que todos nos enteremos, la exposición que ha organizado hasta el 31 de diciembre el Musée Dauphinois de Grenoble a la mayor gloria de Vaucanson y el hombre artificial, plantea justamente la pregunta de “¿Por qué hace falta reemplazar al hombre por las máquinas?”.

El capitalismo no puede crear suficientes empleos para todos. Después de los obreros y de los empleados de correos, de tren, de comercio o de los bancos, ahora le ha llegado el turno a los profesores de convertirse en obsoletos. También la escuela será digital, para mayor beneficio de las multinacionales de la informática y mayor desgracia de la educación y de la salud mental de los niños. Ni siquiera en los servicios personales los hombres se libran de ser sustituidos por robots. En Isère, el programa Empatic ofrece a los ancianos un sistema de videovigilancia: gracias a los sensores electrónicos ya no es necesaria la presencia humana. ¡Viva la jubilación!

…hacerse explotar se convierte en un “privilegio”

Es evidente que los robots nos están reemplazando. El problema es que seguimos estando más o menos obligados a trabajar. Sin trabajo, no hay salarios, y la nevera se vacía. Todos los humanos desechados por las máquinas no habrán cotizado lo suficiente para poder jubilarse. Hemos llegado por lo tanto al punto en que conseguir vender nuestra fuerza de trabajo a una empresa ha llegado a ser un privilegio. ¿Pero qué tipo de privilegio? Los empleos que todavía crea penosamente el capitalismo son cada vez más vacíos y desconectados de nuestras necesidades fundamentales, y los trabajadores han quedado reducidos a no ser sino los auxiliares de los ordenadores, meros engranajes dentro de la maquinaria industrial. La productividad tiene que aumentar sin cesar, y por lo tanto las personas que trabajan se ven obligadas a trabajar cada vez más, y más rápido, y con mayor eficacia.

Excluidos e inútiles, o explotados y agobiados. Esto es a lo que hemos sido reducidos. No hay solución al problema de la jubilación o del paro sin salir del capitalismo y de la sociedad industrial. ¿Cuánto tiempo creéis que el sistema cargará con una mano de obra inútil?

¡La solidaridad no se basa en el crecimiento!

Para justificar la reforma de las pensiones, la derecha nos explica que “hay menos trabajadores activos y más personas inactivas, por lo que es normal trabajar más tiempo para pagar la jubilación”, a lo que los economistas de la izquierda y la extrema izquierda contestan que “incluso con un crecimiento inferior al 2%, el producto interior bruto se doblará de aquí a 40 años, por lo que se podría dedicar una partida presupuestaria más grande a la financiación de las pensiones, sin que los asalariados tengan que hacer ningún esfuerzo suplementario”.

Para la izquierda, el problema es pues simplemente un problema del reparto de los frutos (podridos) del crecimiento. Como si las pensiones, y por tanto la misma solidaridad humana, se basara tan sólo en el crecimiento económico. Es absolutamente necesario terminar con la ideología del crecimiento. Contar con que la producción se duplique de aquí a 40 años es una aberración. Nuestro medio ambiente no sobreviviría a tal desastre ecológico, por no hablar de la degradación de la vida en sociedad. Porque producir más quiere decir producir cada vez más ordenadores, televisiones de pantalla plana, teléfonos móviles y otros artilugios high-tech que embrutecen, individualizan y terminan por destruir toda relación verdadera entre nosotros. (¿Cuantos amigos virtuales tenéis en facebook?)

Hay oficios idiotas

El segundo argumento de la izquierda contra la reforma de las jubilaciones consiste en rechazar la prolongación del periodo de cotización porque sería un freno al empleo juvenil. ¿Qué empleos? ¿Y a qué necesidades responderían tales empleos? Eso no tiene ninguna importancia porque lo que cuenta es encontrarles un empleo. Es necesario salir de esta lógica del empleo a toda costa, en primer lugar porque ya no hay trabajo para todos (véase más arriba), y después porque esto equivale a defender empleos que perjudican al resto de la sociedad. Pero no hay por qué avergonzarse de no tener “trabajo” en la forma en que lo entiende esta sociedad, es decir, un trabajo que se hace sólo para ganar dinero sin ninguna preocupación por su contenido. Es mucho más digno no trabajar antes que ser banquero, militar, investigador de las nanotecnologías o periodista de Daubé . Sin embargo, no queremos pasar nuestra vida sin nada que hacer, pero queremos un trabajo libremente elegido, enriquecedor y que consideremos útil. Por eso preferimos entonces hablar de actividad

¿Por dónde empezamos?

En un primer momento, hay que organizarse desde la base para conseguir la retirada de la reforma. Desconfiar de los sindicatos que nos abandonarán en cuanto tengan la ocasión, y de los socialistas que no retirarán la reforma si son elegidos en 2012. Detener las movilizaciones puntuales para construir un movimiento sólido y continuo. Paralizar los centros económicos, científicos y políticos. Aprovechar estas luchas para encontrarnos, discutir, intercambiar. Tomarnos el tiempo de reflexionar y de construir solidaridades. Organizarnos para impedir toda vuelta a la normalidad. Cerrar las fábricas y los laboratorios que nos dañan. Producir colectivamente todo lo que necesitamos para vivir, sin recurrir a la maquinaria industrial.
Inutilizar este sistema que nos vuelve inútiles.

Grenoble, 12-10-2010
Grupo LIBELUDD (Libertarios, Ludditas).