SALAMANDRA 15-16

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• Salamandra nº 15-16 (2005-2006), 194 páginas, 8 €.

– Contribuciones colectivas:
Aviso para la próxima demolición del Teatro Olimpia ♦ Juego de las etimologías

– Textos:
Julio Monteverde: En el lugar del accidente ♦ Ignacio Castro: Humo José Manuel Rojo: Ni de vuestra vida ni de vuestra muerte. Psicogeografía y vacío del 11-M ♦ Joël Gayraud: La piel de la sombraMaría Santana: La ciudad funciona con gasolinaLurdes Martínez: La experiencia arruinada ♦ Guy Girard: Apertura al juego del fragmento ♦ Guy-René Doumayrou: Reflexiones sobre la permeabilidad de los techos ♦ Eugenio Castro: Entre en medio ♦ Juan Carlos Otaño: Introducción al juego de la toponimiasEduardo Abadía Sicilia: Íntima intemperieJavier Gálvez: El lenguaje velado ♦ Noé Ortega y Vicente Gutiérrez: El principio de una visiónMaría Santana y Antonio Ramírez: Extrañamiento en el centro comercialAntonio Ramírez: El objeto robado ♦ Silvia Guiard: Tierra adentro ♦ Bruno Jacobs: Lugares poéticos ♦ Manuel Crespo: Garraf ♦ Michael Richardson: El surrealismo frente al multiculturalismo ♦ Alfredo Fernandes y Barthélémy Schwartz: Miradas sobre la servidumbre contemporánea ♦ Christian Ferrer: Benjamín Mendoza y Amor o el magnicida ♦ Jesús García Rodríguez: El edén y el átomo

– ¡Más realidad! Emblemas de la magia cotidiana:
Manuel Crespo: El arcano del diablo ♦ Julio Monteverde: Órdenes son órdenes ♦ Eugenio Castro: Yo ♦ Manuel Crespo: 200 años

– Defensa de la inactualidad:
• ANA-CRÓNICAS (reseñas): Lurdes Martínez: Recorriendo la ciudad amnésica ♦ Michel Löwy: El "principio esperanza" de Ernst Bloch frente al "principio responsabilidad"
• EXENCIONES (panfletos, declaraciones y polémicas): Grupo Surrealista de Leeds: La ciudad bajo cuerda, trazada y cuarteada ♦ Michael Richardson: A propósito de las máquinas ♦ Grupo Surrealista de Ioaninna: Manifiesto ♦ El mal salvaje: No trabajo luego existo. Una apología del satanismo laboral

– Poemas de Ghérasim Luca, René Daumal, Rosa Lentini, Julio Monteverde, Javier Gálvez, Esther Ramón y Eugenio Castro.

Páginas: 
194
Precio: 
€8.00
Año: 
2006

Los días en rojo

Publicado por:

Ediciones Pepitas de calabaza, Logroño. http://pepitas.net/

Se cumplen casi veinte años del inicio de la actividad del Grupo Surrealista de Madrid como tal, y de su más significativa publicación, la revista Salamandra. Y sin conocer –ni mucho menos esperar– cuando llegará su final, reunimos aquí, dispuestos en orden cronológico, los escritos redactados de forma colectiva con la intención de cortarle el paso a los acontecimientos y aportar su particular punto de vista con respecto a la omnipresente cuestión social. El lenguaje, la creación, el intercambio, el trabajo, el deporte, la relación con la naturaleza y lo salvaje, la psicogeografía, el juego, el encuentro de distintas cosmovisiones, etc., son «perfectas coartadas» para activar una crítica implacable al modelo actual de civilización, al que en todos sus aspectos se trata de hostigar, a la vez que se arroja nueva luz sobre las viejas formas de acción que se tornan dañinas a la tarea de hacer avanzar la crítica al Viejo Mundo. Para llevar a buen puerto estos fines, el Grupo Surrealista de Madrid hace uso de la percepción, la experimentación, el juego, la deriva y, en definitiva, de la experiencia de lo maravilloso. Todo esto se concreta en el plano práctico en un proyecto político de vida poética, o lo que es lo mismo, en una «actividad colectiva empeñada en realizar los sueños». Tal proyecto y tal actividad hacen del pensamiento de sensibilidad surrealista (lo que algunos definieron cómo «el padre al querríamos ver muerto») un sujeto enteramente vivo, que camina en dirección opuesta a las modernas ideologías «radicales» televisadas que ahora se nos ofrecen como manuales de supervivencia. Sin entrar –de momento– en la discusión de si el surrealismo es el padre al que odiamos o al que amamos, y al margen del etiquetaje dispuesto para el consumo, proponemos dejar los prejuicios a un lado y embadurnarnos en la harina que mancha este libro, para llegar a constatar en qué medida la carga subversiva del surrealismo esta aún muy lejos de ser desactivada.

Páginas: 
240
Precio: 
€9.50
Año: 
2005

La ciudad funciona con gasolina

• Publicado en Salamandra nº 15-16

La vida en la Tierra se convierte cada día en una tarea más difícil. Las personas nos vemos obligadas a tratar de sobrevivir en un entorno peligrosamente patógeno como es la urbe moderna. Y parece que ya no existe siquiera un rincón perdido en el planeta en el que poder refugiarnos, porque se trata de un fenómeno en progresión en el que siempre se puede ir a peor. Los paraísos ocultos en los que exuberantes especies animales y vegetales eran capaces de preservar una vida infinita y libre no son más que bonitas e imposibles postales. Una vez que el ser humano introdujo sus instrumentos tecnológicos en estas utopías medioambientales su equilibrio fue deshecho, sus recursos esquilmados y los nativos supervivientes recluidos en parques “naturales”. Roto el sueño infantil de las selvas vírgenes aún nos quedaba la idea de huir al campo para desintoxicarnos, para recuperar algo de lo que fuimos en nuestros olvidados orígenes. Nos imaginábamos en este refugio rural como bucólicos pastorcitos y cultivadores de tomates y patatas. (...) Leer más

Extrañamiento en el centro comercial

La acción que proponemos y que hemos comenzado a poner en marcha tiene una localización muy específica: los centros comerciales y de ocio programado. Evidentemente estos espacios no tienen por sí solos ninguna capacidad poética, ninguna instigación a la aventura, al contrario, son el espacio donde la sociedad capitalista y de consumo se impone más agresivamente. De modo que cualquier acción o juego llevado a cabo en los mismos debería tratar de subvertirlos, de hacerlos propios, incluso de deshacer las normas que los hacen posibles. Sabemos a este respecto que pretender la destrucción del pilar fundamental de nuestra sociedad es un ansia excesivamente ambiciosa para este juego, pero lo que guiará a cualquier intrépido jugador que traspasa el umbral de detectores de robo de los centros comerciales es sacar a los pobladores de estos no-lugares y liberarlos de su dinámica infernal, que no es poco.

 
 Las personas que se desplazan de manera continua a dichos no-lugares comparten unas leyes de comportamiento muy rígidas y asumidas como si se tratasen de los primeros principios de la existencia humana. Dichas normas giran entorno a una máxima universal que “toda persona que cruza el umbral lo hace exclusivamente con la finalidad (...) Leer más

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En el lugar del accidente

Mirad: son extraños los momentos en los que la luz estalla, en los que la potencia de lo que sucede abre el pensamiento como un cuchillo congelado. Instantes en los que el cuerpo cobra rigidez a consecuencia del latigazo de todo aquello que participa de la verdad. Sí, son extraños, pero es sin duda a partir de estos momentos, por muy escasos que sean, sobre los que se funda el sentido de lo que pasa, y es gracias a ellos que el conocimiento sufre sus pequeñas (y en ocasiones sus grandes) revoluciones. Si lo que existe es informe, si sobre los fenómenos el pensamiento arroja el lazo de la lógica, como quien empaqueta sus regalos, la complejidad misma del sistema, sus infinitas entradas y salidas, impiden a ciencia cierta el abarcamiento de la totalidad. Por aquí y por allá aparecen todas esas presencias inquietantes que se salen del cuadro, hostigándolo. El sueño de la estabilidad común se ve continuamente importunado, zarandeado, por el rayo del cambio y lo inesperado, rayo violento que lo compromete y lo amenaza. Estos dos estados, el de la estabilidad y el de la convulsión, deben ser entendidos en su dinámica como contrarios que se niegan (...) Leer más

Ni de vuestra vida ni de vuestra muerte

Como es más que sabido, en los últimos tiempos se ha hablado hasta la saciedad del gusto por el simbolismo del terrorismo islamista y de su avatar más espectacular, Al Qaeda. Quizás porque la civilización tecnoindustrial identifica pensamiento mítico con barbarie y arcaísmo, a pesar de (o precisamente por) estar levantada también ella sobre una mitología no menos desbordante, los poderes públicos han insistido alborozados en la obvia simbología política, económica o tecnológica del World Trade Center y de un centro de transportes moderno, y vital para la modernidad, como es la estación de Atocha de Madrid, así como en el significado pérfido y enigmático, digno de Fu-Manchú o del Viejo de la Montaña, de las coincidencias de fechas de los atentados del 11-S y del 11-M, hasta el punto de que la propia fiscal del 11-M ha considerado digno de importancia conjeturar, en lo que prácticamente fue su primera entrevista importante a un medio de comunicación, sobre la “gran carga simbólica y cabalística” que tenía la fecha del atentado de la Estación de Atocha de Madrid (El País, 10-3-2005). (...) Leer más

200 años

Viajo a menudo a Lorca, ciudad murciana a la cual, por ser la cuna de mi familia materna, me hallo vinculado afectivamente desde la infancia. Hay en mí, cuando la visito, una disposición anímica especial, un desamparo de lo conocido y, al mismo tiempo, un arraigo telúrico, como una llamada de la tierra, que produce sensaciones especiales, más nítidas y rotundas. Los olores se acrecientan, se agudiza la mirada.
 
Domina en el paisaje árido y polvoriento el imponente perfil del castillo, uno de los más extensos que se conservan en España. Levantado por los musulmanes, cayó finalmente durante la reconquista. Pacificada la región, sus murallas languidecieron, y fueron deteriorándose, si bien la torre Alfonsina permaneció enhiesta.
 
La fortaleza se está ahora habilitando, y es posible visitarla de un modo más didáctico, con guías, filmaciones, paneles gráficos y unos actores ataviados de época, que van presentándose a lo largo del trayecto y explicando las costumbres medievales y su cotidianidad.
 
Esta semana santa, la recorrí con un grupo de familiares. Subimos a las torres de vigilancia, descendimos a los aljibes, vimos tumbas de la cultura del Algar, conocimos a un soldado, un cantero, (...) Leer más

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El arcano del diablo

En Julio de 1999 viajé a Buenos Aires, ciudad de Carola. Nuestra hija, Sol, había nacido seis meses atrás y se daba la casualidad de que en esas fechas estaba previsto el parto de la primera niña de mi cuñada Julieta.
 
Aunque aún no conocía personalmente a ningún miembro del Grupo surrealista de Madrid, ya me sentía casi uno de ellos. Acababa de publicarse el número 10 de la revista Salamandra, que incluía un poema mío Metempsicosis, y aproveché la estancia en Argentina para encontrarme con Silvia Guiard, que me trató muy cordialmente.
 
Suelo utilizar el tarot para ampliar el campo de mis meditaciones. No me interesa tanto la adivinación como la contemplación introspectiva obtenida por el estudio de las figuras de los naipes y las sensaciones de atracción o repulsión que provoca su visión.
 
Utilizo un método muy simple: distribuyo los veintidós arcanos mayores boca abajo en dos filas paralelas, miro los dorsos de las cartas y levantó uno, que me suele proporcionar una clave a la pregunta efectuada.
 
Han pasado algunos años desde este suceso hasta que me he decidido a escribirlo, aunque bastantes personas lo escucharon a (...) Leer más

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Órdenes son órdenes

Durante el fin de semana del 20 al 22 de enero de 2005 algunos amigos surrealistas nos encontramos en Madrid para discutir una serie de cuestiones que requerían definitivamente nuestra atención. El domingo a ultima hora, justo antes de que tuviera que prepararse para coger el tren de vuelta a Sevilla, Antonio Ramírez lanzó, de forma esquemática, una última propuesta de acción colectiva: una deriva programada tomando como base el tipo de instrucciones que proporcionan habitualmente el Tarot o algunos mediums. Su idea era determinar una serie de condicionantes al recorrido, que serían del mismo tipo para todos, y que funcionarían, por ejemplo, de la siguiente manera: "Si se encuentra con una niña rubia cambie el sentido de la marcha". "Si cruza un coche rojo el grupo debe separarse", etc. El estado embrionario de la idea no influyó en el gran interés que despertó en todos nosotros.
 
Paralelamente y a la misma velocidad, al oír esta descripción caí en la cuenta de que yo, en el pasado, había escrito un poema en el que se daban una serie de instrucciones del mismo tipo. Imediatamente se lo comenté a Antonio, pero este me hizo notar que él no poseía ningún (...) Leer más

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Yo

Es septiembre de 1999 cuando camino junto a Oscar Delgado, un antiguo amigo mío, por la acera de la derecha de la calle Ave María en dirección a la plaza de Lavapiés. En la acera izquierda advierto la presencia de una persona por mí conocida a la que hago repetidamente señales con el brazo, sin que ella me vea. Por el contrario, un hombre al que no conozco de nada responde a mi llamada y, creyendo él conocerme, se dirige hacia donde estoy. Yo también me encamino hacia él para, extendiéndole la mano en ademán de saludo, hacerle notar que nunca nos habíamos visto.
 
Tras este hecho, le cuento a mi acompañante las numerosas veces que se me repite esta situación, narrándole aquellos casos que tuvieron por efecto provocar en mí uninstante de suspensión.

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