En el lugar del accidente

Mirad: son extraños los momentos en los que la luz estalla, en los que la potencia de lo que sucede abre el pensamiento como un cuchillo congelado. Instantes en los que el cuerpo cobra rigidez a consecuencia del latigazo de todo aquello que participa de la verdad. Sí, son extraños, pero es sin duda a partir de estos momentos, por muy escasos que sean, sobre los que se funda el sentido de lo que pasa, y es gracias a ellos que el conocimiento sufre sus pequeñas (y en ocasiones sus grandes) revoluciones. Si lo que existe es informe, si sobre los fenómenos el pensamiento arroja el lazo de la lógica, como quien empaqueta sus regalos, la complejidad misma del sistema, sus infinitas entradas y salidas, impiden a ciencia cierta el abarcamiento de la totalidad. Por aquí y por allá aparecen todas esas presencias inquietantes que se salen del cuadro, hostigándolo. El sueño de la estabilidad común se ve continuamente importunado, zarandeado, por el rayo del cambio y lo inesperado, rayo violento que lo compromete y lo amenaza. Estos dos estados, el de la estabilidad y el de la convulsión, deben ser entendidos en su dinámica como contrarios que se niegan (...) Leer más

Ni de vuestra vida ni de vuestra muerte

Como es más que sabido, en los últimos tiempos se ha hablado hasta la saciedad del gusto por el simbolismo del terrorismo islamista y de su avatar más espectacular, Al Qaeda. Quizás porque la civilización tecnoindustrial identifica pensamiento mítico con barbarie y arcaísmo, a pesar de (o precisamente por) estar levantada también ella sobre una mitología no menos desbordante, los poderes públicos han insistido alborozados en la obvia simbología política, económica o tecnológica del World Trade Center y de un centro de transportes moderno, y vital para la modernidad, como es la estación de Atocha de Madrid, así como en el significado pérfido y enigmático, digno de Fu-Manchú o del Viejo de la Montaña, de las coincidencias de fechas de los atentados del 11-S y del 11-M, hasta el punto de que la propia fiscal del 11-M ha considerado digno de importancia conjeturar, en lo que prácticamente fue su primera entrevista importante a un medio de comunicación, sobre la “gran carga simbólica y cabalística” que tenía la fecha del atentado de la Estación de Atocha de Madrid (El País, 10-3-2005). (...) Leer más

200 años

Viajo a menudo a Lorca, ciudad murciana a la cual, por ser la cuna de mi familia materna, me hallo vinculado afectivamente desde la infancia. Hay en mí, cuando la visito, una disposición anímica especial, un desamparo de lo conocido y, al mismo tiempo, un arraigo telúrico, como una llamada de la tierra, que produce sensaciones especiales, más nítidas y rotundas. Los olores se acrecientan, se agudiza la mirada.
 
Domina en el paisaje árido y polvoriento el imponente perfil del castillo, uno de los más extensos que se conservan en España. Levantado por los musulmanes, cayó finalmente durante la reconquista. Pacificada la región, sus murallas languidecieron, y fueron deteriorándose, si bien la torre Alfonsina permaneció enhiesta.
 
La fortaleza se está ahora habilitando, y es posible visitarla de un modo más didáctico, con guías, filmaciones, paneles gráficos y unos actores ataviados de época, que van presentándose a lo largo del trayecto y explicando las costumbres medievales y su cotidianidad.
 
Esta semana santa, la recorrí con un grupo de familiares. Subimos a las torres de vigilancia, descendimos a los aljibes, vimos tumbas de la cultura del Algar, conocimos a un soldado, un cantero, (...) Leer más

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El arcano del diablo

En Julio de 1999 viajé a Buenos Aires, ciudad de Carola. Nuestra hija, Sol, había nacido seis meses atrás y se daba la casualidad de que en esas fechas estaba previsto el parto de la primera niña de mi cuñada Julieta.
 
Aunque aún no conocía personalmente a ningún miembro del Grupo surrealista de Madrid, ya me sentía casi uno de ellos. Acababa de publicarse el número 10 de la revista Salamandra, que incluía un poema mío Metempsicosis, y aproveché la estancia en Argentina para encontrarme con Silvia Guiard, que me trató muy cordialmente.
 
Suelo utilizar el tarot para ampliar el campo de mis meditaciones. No me interesa tanto la adivinación como la contemplación introspectiva obtenida por el estudio de las figuras de los naipes y las sensaciones de atracción o repulsión que provoca su visión.
 
Utilizo un método muy simple: distribuyo los veintidós arcanos mayores boca abajo en dos filas paralelas, miro los dorsos de las cartas y levantó uno, que me suele proporcionar una clave a la pregunta efectuada.
 
Han pasado algunos años desde este suceso hasta que me he decidido a escribirlo, aunque bastantes personas lo escucharon a (...) Leer más

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Órdenes son órdenes

Durante el fin de semana del 20 al 22 de enero de 2005 algunos amigos surrealistas nos encontramos en Madrid para discutir una serie de cuestiones que requerían definitivamente nuestra atención. El domingo a ultima hora, justo antes de que tuviera que prepararse para coger el tren de vuelta a Sevilla, Antonio Ramírez lanzó, de forma esquemática, una última propuesta de acción colectiva: una deriva programada tomando como base el tipo de instrucciones que proporcionan habitualmente el Tarot o algunos mediums. Su idea era determinar una serie de condicionantes al recorrido, que serían del mismo tipo para todos, y que funcionarían, por ejemplo, de la siguiente manera: "Si se encuentra con una niña rubia cambie el sentido de la marcha". "Si cruza un coche rojo el grupo debe separarse", etc. El estado embrionario de la idea no influyó en el gran interés que despertó en todos nosotros.
 
Paralelamente y a la misma velocidad, al oír esta descripción caí en la cuenta de que yo, en el pasado, había escrito un poema en el que se daban una serie de instrucciones del mismo tipo. Imediatamente se lo comenté a Antonio, pero este me hizo notar que él no poseía ningún (...) Leer más

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Yo

Es septiembre de 1999 cuando camino junto a Oscar Delgado, un antiguo amigo mío, por la acera de la derecha de la calle Ave María en dirección a la plaza de Lavapiés. En la acera izquierda advierto la presencia de una persona por mí conocida a la que hago repetidamente señales con el brazo, sin que ella me vea. Por el contrario, un hombre al que no conozco de nada responde a mi llamada y, creyendo él conocerme, se dirige hacia donde estoy. Yo también me encamino hacia él para, extendiéndole la mano en ademán de saludo, hacerle notar que nunca nos habíamos visto.
 
Tras este hecho, le cuento a mi acompañante las numerosas veces que se me repite esta situación, narrándole aquellos casos que tuvieron por efecto provocar en mí uninstante de suspensión.

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Íntima intemperie

El casco antiguo de la ciudad de Zaragoza está nítidamente delimitado en el plano. Las calles “Coso”,”Echegaray y Caballero” y “César Augusto” ( por donde discurría la muralla romana -de la que aún hoy se evidencian vestigios-) hacen el efecto de isla originaria o de placa continental que se moviese paralelamente al curso del río Ebro, al que está pegada, pareciendo a él enganchada ( el río como sirga ), deviniendo a una velocidad infinitamente menor a la de la corriente del agua pero con la misma fatalidad; velocidad imperceptible pero intuida en las particularidades morfológicas mostradas en el plano. En dirección al mar ( al este ), el casco viejo parece ejercer la presión de su aquí supuesto movimiento al barrio de “La Magdalena” y al inmediatamente contiguo parque “Bruil”. Al mismo tiempo, en el oeste, el susodicho desplazamiento sugiere una estela o rastro que forma el barrio de San Pablo (popularmente llamado “ El Gancho “, ejerciendo de tal con el barrio de “ La Almozara “ _ barrio céntrico y periférico a la vez _ del que tira).

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Garraf

Es verificable una crisis de la mirada, del órgano quizás más apto para agrandar la franja de lo verdadero y despertar a lo yacente; su banalización, que a medida que ha ido proliferando la oferta de imágenes y éstas perdieron sustancia y gravedad, ha sufrido el progresivo adelgazamiento del ángulo de lo perceptible, hasta llegar a la planitud característica de lo visible actual, cuando es escasa la relación de la pupila con el horizonte, debido a que muchas sensaciones están ya diferidas y son vividas por delegación desde el sillón de espectador que ha sido asignado a cada cual –generalmente con la aprobación entusiasta o cuando menos con la pasividad del público-, y también a las mínimas posibilidades de relacionarse con un entorno natural, sobre todo si éste no se corresponde con las postales promocionadas por las agencias de turismo, si su pobreza aparencial no le hacen apto para divulgarse como destino de vacaciones o si hay que visitarlo aprisa, durante el deleznable margen que el trabajo concede al descanso.

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El lenguaje velado

Desde hace ya bastantes años he ejercido la sencilla actividad del paseo, con la certeza de dejarme extraviar. En varios de estos paseos me he topado con la presencia enigmática de algunos comercios (en desuso o cerrados) cuyos letreros que les dan nombre han sufrido la pérdida de alguna de sus letras, provocando de este modo una pérdida de referencia o de identidad de ese mismo establecimiento.
 
Si una de las funciones utilitarias del lenguaje es la de identificar un objeto, hacerlo inteligible, en este caso asistimos a su azaroso y primigenio uso subversivo. El lenguaje de la servidumbre con el que opera la publicidad, lenguaje que es constantemente sometido a una reducción de palabras y sentido, que impide el libre movimiento del pensamiento, lenguaje a la medida del hombre reducido a un simple consumidor de objetos, ha encontrado en sí mismo un cansancio tan agotador que parece provocar su propio y lento derrumbe.
 
Y de nuevo ante nosotros el lenguaje como juego, de nuevo la posibilidad de llevar a cabo “experimentos mágicos con las palabras”. Todo empieza con un balbuceo, un querer decir: ausencia de significado y presencia rotunda de un significante que resplandece (...) Leer más

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La experiencia arruinada

Hace tiempo que nos hemos convertido en testigos atónitos e impotentes de la disolución de las significaciones esenciales de lo real en favor de sucedáneos, meras réplicas avivadas por la presencia alienígena de los presupuestos capitalistas. En el transcurso de esta devastación implacable, se ha visto gravemente amenazada nuestra cultura material y espiritual: la relación con la naturaleza, la ciudad histórica, las antiguas creencias, las costumbres… Todo ha sufrido el mortífero ahuecamiento de su condición más íntima, indispensable para el libre trasiego de la mercancía, que se ha convertido en protagonista del escenario de la economía escindida. Tanto destruye nuestra época, que se ha dicho que no deja ruinas: “Dentro de cien años la gente tendrá una evidencia más tangible de la Roma de Adriano que de la Nueva York de fibra óptica” (1).
 
Pero, ¿es verdaderamente cierta esta anunciada ausencia de vestigios? Y si así fuera, ¿por qué tal ansia de que nada permanezca? Con toda certeza el crimen sin huellas responde a que la ruina se imagina todavía desasosegante y perturbadora. Su presencia incomoda porque encarna aquello que este sistema no puede asimilar: tiene pasado, está usada, el tiempo se asoma en ella. Así, en un (...) Leer más

El objeto robado

Es mi propósito añadir un nuevo astro a la constelación de objetos poéticos creada por el surrealismo. Junto al objeto encontrado, el de funcionamiento simbólico o el que sale a nuestro paso en los sueños -y tantos otros- quiero situar también al objeto robado.
 
Ante todo habría que señalar que quizás no todos los objetos robados se prestan a esta categoría, o para ser más exactos, no queremos plantear aquí que el mero hecho de necesitar o ansiar un objeto que no es de nuestra propiedad y que decidamos llevárnoslo sin pagar o sin el consentimiento de su propietario hace de éste un objeto cargado de poesía. Esto no debe interpretarse como una condena del robo al margen de la intención poética que queremos mostrar, ni mucho menos, pero el hecho es que, aunque pueda ser una acción potencialmente subversiva de cara al sistema, hay recordar que el robo –en este caso legal-  forma parte inalienable del capitalismo, al fin y al cabo, éste se basa en el pillaje sistemático de una clase a costa de otra. Por lo tanto, el acto de robar solo puede suponer un sabotaje directo y contundente al sistema capitalista si ocurre en unas (...) Leer más

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Aviso para la próxima demolición del nuevo teatro Olimpia

Ni en el orden del urbanismo ni en el de ningún otro, nada bueno puede venir de las alturas burocráticas donde moran nuestros amos. Al vaciamiento y desecación acelerados de Madrid, a la destrucción del tejido humano y del medio natural circundante, ocupadas por la metástasis inmobiliaria y la concentración disparatada e irracional de hombres y recursos económicos, se une ahora la puntilla especulativa de unas Olimpiadas con las que se quiere distraer a una ciudad que ya no tiene fuerzas ni para lamerse las heridas y que no está para ninguna fiesta, y menos las que organiza el capital, donde sólo seremos criados, espectadores y, finalmente, pagadores.

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SALAMANDRA 13-14

Publicado por:

• Salamandra nº 13-14 (2003-2004), 180 páginas, 7 €.

– Contribuciones colectivas:
Es un hombre o una piedra o un árbol el que ha sido extinguido

– Textos:
Jose Manuel Rojo: La guerra de las ilusiones (límites y espejismos del movimiento ciudadanista contra la guerra de Irak) ♦ Fabrice Pascaud, Bertrand Schmitt y Alexandre Pierrepont: La ciudad y la utopía ♦ Ignacio Castro: Mutaciones en la ciudad descentrada ♦  Eugenio Castro: Lugar común ♦ Krzysztof Fijalkowski: Impasse Angélique ♦ Paco Carreño: El viaje inmóvil ♦ Bruno Jacobs: La presencia del vacío ♦ Manuel Crespo: Litoral: oráculo ♦ Miguel Ángel Ortiz Albero: Parcelas de una isla calcinada ♦ José Manuel Rojo: Fragmentos para una antropología de la religión económica ♦ Eduardo Abadía Sicilia: Relojería y métrica del deseo ♦ Jan Švankmajer, Bertrand Schmitt: Otésanek ♦ Niklas Nenzén: Las conquistas de las malas ideas de la carne ♦ Antonio Ramírez: Regreso al subterráneo, o el erotismo reconquistado ♦ Kalle Eklund: Manifiesto erótico ♦ Jean-Louis Bédouin: Información, comunicación, cuadrículas y ratoneras: colonización del lenguaje y sociedad del espectáculo ♦ Toni Malagrida: La búsqueda de Tekeli-li: Una exploración en el poema ♦ Jorge Riechmann: Las tenazas de la enunciación: Sobre poesía clara y poesía oscura ♦ Antón Patiño: Aventura de la imagen ♦ Bertrand Schmitt: En el reverso de la lengua, el anverso de la euro-lengua

– Más realidad! Emblemas de la magia cotidiana:
Lurdes Martínez: Impreso en el tiempo ♦ Julio Monteverde: Otra casa poco sólida ♦ Vicente Gutiérrez Escudero: H oro ♦ Eugenio Castro: Está la calle hecha todo un poema

– Defensa de la inactualidad:
• ANA-CRÓNICAS (reseñas): Joaquín Brotóns: Contagios de belleza en 'Hana-Bi'Julio Monteverde: Esta revolución no tiene rostro (crítica de Wu-Ming) ♦ Jesús García Rodríguez: El suicidio y el canto, poesía popular de las mujeres pastún de Afganistán
• EXENCIONES (panfletos, declaraciones y polémicas): El mono de chapa: Retorno del mono de chapa: El corazón enaltecido ante la ruina ♦ Grupo Surrealista de Leeds: El oro del imbécil ♦ Grupo de París del Movimiento Surrealista: Barrera de infierno ♦ Movimiento Surrealista de los Estados Unidos: El surrealismo no está en venta. El oro del tiempo en el tiempo del oro ♦ Los Milenaristas sin Milenio: Ocurrirán accidentes ♦ Silvia Guiard: Cartas desde Buenos Aires

– Poemas de Enrique Mercado, Antonio Santamaría, Julio Monteverde, Bruno Jacobs, Mayra Estévez Trujillo, Jean-Pierre Duprey, Paco Carreño, Manuel Crespo y Javier Gálvez.

Páginas: 
180
Precio: 
€7.00
Año: 
2004

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