Órdenes son órdenes

Durante el fin de semana del 20 al 22 de enero de 2005 algunos amigos surrealistas nos encontramos en Madrid para discutir una serie de cuestiones que requerían definitivamente nuestra atención. El domingo a ultima hora, justo antes de que tuviera que prepararse para coger el tren de vuelta a Sevilla, Antonio Ramírez lanzó, de forma esquemática, una última propuesta de acción colectiva: una deriva programada tomando como base el tipo de instrucciones que proporcionan habitualmente el Tarot o algunos mediums. Su idea era determinar una serie de condicionantes al recorrido, que serían del mismo tipo para todos, y que funcionarían, por ejemplo, de la siguiente manera: "Si se encuentra con una niña rubia cambie el sentido de la marcha". "Si cruza un coche rojo el grupo debe separarse", etc. El estado embrionario de la idea no influyó en el gran interés que despertó en todos nosotros.
 
Paralelamente y a la misma velocidad, al oír esta descripción caí en la cuenta de que yo, en el pasado, había escrito un poema en el que se daban una serie de instrucciones del mismo tipo. Imediatamente se lo comenté a Antonio, pero este me hizo notar que él no poseía ningún (...) Leer más

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Yo

Es septiembre de 1999 cuando camino junto a Oscar Delgado, un antiguo amigo mío, por la acera de la derecha de la calle Ave María en dirección a la plaza de Lavapiés. En la acera izquierda advierto la presencia de una persona por mí conocida a la que hago repetidamente señales con el brazo, sin que ella me vea. Por el contrario, un hombre al que no conozco de nada responde a mi llamada y, creyendo él conocerme, se dirige hacia donde estoy. Yo también me encamino hacia él para, extendiéndole la mano en ademán de saludo, hacerle notar que nunca nos habíamos visto.
 
Tras este hecho, le cuento a mi acompañante las numerosas veces que se me repite esta situación, narrándole aquellos casos que tuvieron por efecto provocar en mí uninstante de suspensión.

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Íntima intemperie

El casco antiguo de la ciudad de Zaragoza está nítidamente delimitado en el plano. Las calles “Coso”,”Echegaray y Caballero” y “César Augusto” ( por donde discurría la muralla romana -de la que aún hoy se evidencian vestigios-) hacen el efecto de isla originaria o de placa continental que se moviese paralelamente al curso del río Ebro, al que está pegada, pareciendo a él enganchada ( el río como sirga ), deviniendo a una velocidad infinitamente menor a la de la corriente del agua pero con la misma fatalidad; velocidad imperceptible pero intuida en las particularidades morfológicas mostradas en el plano. En dirección al mar ( al este ), el casco viejo parece ejercer la presión de su aquí supuesto movimiento al barrio de “La Magdalena” y al inmediatamente contiguo parque “Bruil”. Al mismo tiempo, en el oeste, el susodicho desplazamiento sugiere una estela o rastro que forma el barrio de San Pablo (popularmente llamado “ El Gancho “, ejerciendo de tal con el barrio de “ La Almozara “ _ barrio céntrico y periférico a la vez _ del que tira).

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Garraf

Es verificable una crisis de la mirada, del órgano quizás más apto para agrandar la franja de lo verdadero y despertar a lo yacente; su banalización, que a medida que ha ido proliferando la oferta de imágenes y éstas perdieron sustancia y gravedad, ha sufrido el progresivo adelgazamiento del ángulo de lo perceptible, hasta llegar a la planitud característica de lo visible actual, cuando es escasa la relación de la pupila con el horizonte, debido a que muchas sensaciones están ya diferidas y son vividas por delegación desde el sillón de espectador que ha sido asignado a cada cual –generalmente con la aprobación entusiasta o cuando menos con la pasividad del público-, y también a las mínimas posibilidades de relacionarse con un entorno natural, sobre todo si éste no se corresponde con las postales promocionadas por las agencias de turismo, si su pobreza aparencial no le hacen apto para divulgarse como destino de vacaciones o si hay que visitarlo aprisa, durante el deleznable margen que el trabajo concede al descanso.

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El lenguaje velado

Desde hace ya bastantes años he ejercido la sencilla actividad del paseo, con la certeza de dejarme extraviar. En varios de estos paseos me he topado con la presencia enigmática de algunos comercios (en desuso o cerrados) cuyos letreros que les dan nombre han sufrido la pérdida de alguna de sus letras, provocando de este modo una pérdida de referencia o de identidad de ese mismo establecimiento.
 
Si una de las funciones utilitarias del lenguaje es la de identificar un objeto, hacerlo inteligible, en este caso asistimos a su azaroso y primigenio uso subversivo. El lenguaje de la servidumbre con el que opera la publicidad, lenguaje que es constantemente sometido a una reducción de palabras y sentido, que impide el libre movimiento del pensamiento, lenguaje a la medida del hombre reducido a un simple consumidor de objetos, ha encontrado en sí mismo un cansancio tan agotador que parece provocar su propio y lento derrumbe.
 
Y de nuevo ante nosotros el lenguaje como juego, de nuevo la posibilidad de llevar a cabo “experimentos mágicos con las palabras”. Todo empieza con un balbuceo, un querer decir: ausencia de significado y presencia rotunda de un significante que resplandece (...) Leer más

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La experiencia arruinada

Hace tiempo que nos hemos convertido en testigos atónitos e impotentes de la disolución de las significaciones esenciales de lo real en favor de sucedáneos, meras réplicas avivadas por la presencia alienígena de los presupuestos capitalistas. En el transcurso de esta devastación implacable, se ha visto gravemente amenazada nuestra cultura material y espiritual: la relación con la naturaleza, la ciudad histórica, las antiguas creencias, las costumbres… Todo ha sufrido el mortífero ahuecamiento de su condición más íntima, indispensable para el libre trasiego de la mercancía, que se ha convertido en protagonista del escenario de la economía escindida. Tanto destruye nuestra época, que se ha dicho que no deja ruinas: “Dentro de cien años la gente tendrá una evidencia más tangible de la Roma de Adriano que de la Nueva York de fibra óptica” (1).
 
Pero, ¿es verdaderamente cierta esta anunciada ausencia de vestigios? Y si así fuera, ¿por qué tal ansia de que nada permanezca? Con toda certeza el crimen sin huellas responde a que la ruina se imagina todavía desasosegante y perturbadora. Su presencia incomoda porque encarna aquello que este sistema no puede asimilar: tiene pasado, está usada, el tiempo se asoma en ella. Así, en un (...) Leer más

El objeto robado

Es mi propósito añadir un nuevo astro a la constelación de objetos poéticos creada por el surrealismo. Junto al objeto encontrado, el de funcionamiento simbólico o el que sale a nuestro paso en los sueños -y tantos otros- quiero situar también al objeto robado.
 
Ante todo habría que señalar que quizás no todos los objetos robados se prestan a esta categoría, o para ser más exactos, no queremos plantear aquí que el mero hecho de necesitar o ansiar un objeto que no es de nuestra propiedad y que decidamos llevárnoslo sin pagar o sin el consentimiento de su propietario hace de éste un objeto cargado de poesía. Esto no debe interpretarse como una condena del robo al margen de la intención poética que queremos mostrar, ni mucho menos, pero el hecho es que, aunque pueda ser una acción potencialmente subversiva de cara al sistema, hay recordar que el robo –en este caso legal-  forma parte inalienable del capitalismo, al fin y al cabo, éste se basa en el pillaje sistemático de una clase a costa de otra. Por lo tanto, el acto de robar solo puede suponer un sabotaje directo y contundente al sistema capitalista si ocurre en unas (...) Leer más

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Aviso para la próxima demolición del nuevo teatro Olimpia

Ni en el orden del urbanismo ni en el de ningún otro, nada bueno puede venir de las alturas burocráticas donde moran nuestros amos. Al vaciamiento y desecación acelerados de Madrid, a la destrucción del tejido humano y del medio natural circundante, ocupadas por la metástasis inmobiliaria y la concentración disparatada e irracional de hombres y recursos económicos, se une ahora la puntilla especulativa de unas Olimpiadas con las que se quiere distraer a una ciudad que ya no tiene fuerzas ni para lamerse las heridas y que no está para ninguna fiesta, y menos las que organiza el capital, donde sólo seremos criados, espectadores y, finalmente, pagadores.

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SALAMANDRA 13-14

Publicado por:

• Salamandra nº 13-14 (2003-2004), 180 páginas, 7 €.

– Contribuciones colectivas:
Es un hombre o una piedra o un árbol el que ha sido extinguido

– Textos:
Jose Manuel Rojo: La guerra de las ilusiones (límites y espejismos del movimiento ciudadanista contra la guerra de Irak) ♦ Fabrice Pascaud, Bertrand Schmitt y Alexandre Pierrepont: La ciudad y la utopía ♦ Ignacio Castro: Mutaciones en la ciudad descentrada ♦  Eugenio Castro: Lugar común ♦ Krzysztof Fijalkowski: Impasse Angélique ♦ Paco Carreño: El viaje inmóvil ♦ Bruno Jacobs: La presencia del vacío ♦ Manuel Crespo: Litoral: oráculo ♦ Miguel Ángel Ortiz Albero: Parcelas de una isla calcinada ♦ José Manuel Rojo: Fragmentos para una antropología de la religión económica ♦ Eduardo Abadía Sicilia: Relojería y métrica del deseo ♦ Jan Švankmajer, Bertrand Schmitt: Otésanek ♦ Niklas Nenzén: Las conquistas de las malas ideas de la carne ♦ Antonio Ramírez: Regreso al subterráneo, o el erotismo reconquistado ♦ Kalle Eklund: Manifiesto erótico ♦ Jean-Louis Bédouin: Información, comunicación, cuadrículas y ratoneras: colonización del lenguaje y sociedad del espectáculo ♦ Toni Malagrida: La búsqueda de Tekeli-li: Una exploración en el poema ♦ Jorge Riechmann: Las tenazas de la enunciación: Sobre poesía clara y poesía oscura ♦ Antón Patiño: Aventura de la imagen ♦ Bertrand Schmitt: En el reverso de la lengua, el anverso de la euro-lengua

– Más realidad! Emblemas de la magia cotidiana:
Lurdes Martínez: Impreso en el tiempo ♦ Julio Monteverde: Otra casa poco sólida ♦ Vicente Gutiérrez Escudero: H oro ♦ Eugenio Castro: Está la calle hecha todo un poema

– Defensa de la inactualidad:
• ANA-CRÓNICAS (reseñas): Joaquín Brotóns: Contagios de belleza en 'Hana-Bi'Julio Monteverde: Esta revolución no tiene rostro (crítica de Wu-Ming) ♦ Jesús García Rodríguez: El suicidio y el canto, poesía popular de las mujeres pastún de Afganistán
• EXENCIONES (panfletos, declaraciones y polémicas): El mono de chapa: Retorno del mono de chapa: El corazón enaltecido ante la ruina ♦ Grupo Surrealista de Leeds: El oro del imbécil ♦ Grupo de París del Movimiento Surrealista: Barrera de infierno ♦ Movimiento Surrealista de los Estados Unidos: El surrealismo no está en venta. El oro del tiempo en el tiempo del oro ♦ Los Milenaristas sin Milenio: Ocurrirán accidentes ♦ Silvia Guiard: Cartas desde Buenos Aires

– Poemas de Enrique Mercado, Antonio Santamaría, Julio Monteverde, Bruno Jacobs, Mayra Estévez Trujillo, Jean-Pierre Duprey, Paco Carreño, Manuel Crespo y Javier Gálvez.

Páginas: 
180
Precio: 
€7.00
Año: 
2004

Regreso al subterráneo, o el erotismo reconquistado

La sociedad impuesta desde el capitalismo ha ido expoliando todo impulso libre propio del ser humano. Pero a diferencia de otros regímenes anteriores no ha prohibido o reprimido simplemente lo que tiende a negarlo: a través de un proceso, propio de la dinámica mercantil, simplemente lo neutraliza llevándolo a su terreno. En el caso del erotismo, no ha pasado mucho tiempo antes de que el capital y la sociedad de consumo hayan absorbido una fuerza que hasta ese momento solía hacer peligrar todo principio de autoridad y hacía entrar en juego mecanismos plenos de irracionalidad y misterio. El empeño de apaciguar, desde el poder, la esencia transgresora del erotismo ha pasado por su recuperación económica y su falsa liberación a través de la apariencia; por medio de un proceso de alienación (que afecta de igual manera a otras potencialidades del ser humano) el erotismo se ha introducido en una esfera cada vez más ambigua de lo real. La compleja interacción sexo-erotismo-amor se haya, más que nunca, desintegrándose en nuestra precaria vida cotidiana. Como todo lo demás, va siendo sustituido por un simulacro que elimina, al parecer, cuanto de experiencia directa y poética puede contener. (...) Leer más

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La guerra de las ilusiones

Tengan razón o no algunos fatalistas nada exagerados que, como la Encyclopedie des Nuisances consideran que poco falta para que se cierre el ciclo revolucionario por la sencilla razón de que el capitalismo tecnoindustrial se ha entregado a una ‘empresa de desolación planificada cuyo programa explícito es la producción de un mundo inaprovechable' (Discurso preliminar, EdN nº1), lo cierto es que nuestro tiempo parece languidecer bajo el signo de la protesta en vez de la revolución, hasta el punto de que es ahora cuando se podría utilizar la etiqueta desmedida que un historiador dió al siglo XX: la Era de la Protesta (1). Aunque semejante denominación es excesiva y sobre todo interesada, y aunque aquí y allá, en Argentina o Argelia, en Perú o Ecuador el llamado proletariado salvaje prosiga sus asaltos supuestamente sin esperanza, la contestación social de los países capitalistas se está articulando a través de los movimientos de protesta colectiva, siguiendo, como se ha dicho, el modelo del Mayo del 68 en su faceta más espectacular. Desde las marchas ecopacifistas de la Alemania de los años 70, hasta las recientes manifestaciones contra la guerra de Irak, hemos asistido a protestas masivas que han llegado a derivar en auténticas conmociones de la opinión pública, que han conseguido paralizar la vida (...) Leer más

Los mileniaristas sin Milenio: Ocurrirán accidentes

Bush, Blair, Aznar tienen razón. El fin del mundo está a la vuelta de la esquina. Un día u otro, más pronto que tarde, estallará una bomba atómica en Nueva York, por la red de túneles del metro de Londres y sus estaciones abandonadas se deslizarán los perfumes de la Muerte química, un virus imposible se acercará a Madrid.
 
Las advertencias de nuestros amos no son meras pantallas de humos, sino profecías que se autocumplen. No es posible completar el expolio del planeta, acorralar a los pueblos que osan resistir, humillar a los vencidos y exhibir un poder sin límites sin pagar las consecuencias. La dominación que se basa en el despliegue de la tecnología tiene estas contraindicaciones: el genio de la botella está a disposición de todos. Cuando a principios del siglo XX Inglaterra puso en circulación los nuevos acorazados dreadnoughts, todas las otras flotas de guerra se quedaron obsoletas; pero no era difícil construir dreadnoughts, por lo que la flota inglesa perdió, en pocos años, su supremacía. De la misma manera, la misma tecnociencia que se aplica a la destrucción de los pueblos y culturas que el capital ha clasificado como inferiores, permitirá su desquite. (...) Leer más

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