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Los durmientes sin sueño (fragmentos)

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“yo le he traicionado y he traicionado al mundo por ella,
por esa niña que de vida en vida reencuentro,
la durmiente sin sueño,
la guía del fin −¡oh mi muerte!”
RENÉ DAUMAL
 
 
Lanzad una bengala
en la noche de mis ojos.
 
Dentro de mí sólo hay una esfinge hueca,
corales de ceniza, perlas oscuras
como el agujero negro hacia el que se precipitan
las águilas talladas en la piedra de mi infancia.
 
Lejanos están la luz y los cristales húmedos
que presenciaron la pureza, el hallazgo,
el estallido del labio contra la piel volcánica.
 
Lanzad una bengala
en la noche de mis ojos
y descubriréis las cavidades
en las que el viento es pantera.
 
Pero nunca veréis los peces oscuros,
las constelaciones desmoronadas
que nadan lentamente
en las profundidades ignoradas de mi noche.
 
*
 
Es verdad cuando digo
que he visto en el cielo una ola calcinada.
 
Es verdad cuando escucho las flautas forestales
y su música bajo la herida abierta.
 
Es verdad cuando toco en las vetas de la madera
el humo que surge del canto de los búhos.
 
No me importa si no me creéis.
 
Voy a escapar.
 
Quiero descubrir el lugar
en que lloran los caballos amarillos.
 
Quiero recoger las alas desprendidas
del envés de la sombra.
 
Quiero anidar en el viento,
besar la nieve virgen,
tocar las crines anheladas de la noche.
 
Pondré una flor de juguete
entre los dientes del caimán.
 
No me importa si no me creéis.
 
Será más fácil huir
si pensáis que estoy loco.
 
*
 
He escapado sin hacer ruido:
no es bueno asustar a los pájaros dormidos.
 
Ahora sólo quiero romper
la rama más frágil de vuestro oído
y desaparecer más allá de mis huellas.
 
Atravesar el viento blanco de la ceguera.
 
Ahora sólo quiero encontrar la gran piedra negra
y dormirme bajo sus líquenes,
y poder oír la lluvia
golpeando por siempre
contra su piel hermosísima:
así es el rito mineral de la tristeza.
 
Y ser antiguo
como la lluvia y sus serpientes licuadas en lágrimas.
 
Y ser antiguo
como el anzuelo sumergido en el océano sin luz,
en el océano sin tiempo.
 
Algún día tú también vendrás
a dormir debajo de la piedra.
Yo estaré allí, escuchando el sonido de la lluvia.
 
No esperes que te reconozca.
 
*
 
He olvidado el sabor de las cosas,
el tacto de la piel,
el camino que lleva al centro
del bosque blanco que existe en cada labio.
 
Sólo recuerdo a una mujer.
 
Inhalo el humo invisible
que desprenden sus cabellos,
el incienso de una hoguera
construida sobre el frío de sus manos.
 
En su pecho se marchitan
las flores negras de los dormidos.
 
Bajo sus párpados se adivina
el martillo sin peso de la nieve.
 
Así es ella:
la mujer que flota sin vida
sobre las aguas inmóviles de mi memoria.
 
ESQUIRLAS DE LUZ (SELECCIÓN)

(EL POEMA)
 
las estrellas se consumen en la noche
mientras tiemblan las ramas azules
que sostienen la desnudez del frío
y la suavidad mantiene el equilibrio
sobre el filo del silencio
este silencio inmóvil
que es una huella sin camino
una voz secreta despojada de sonido
una sustancia que precede al vértigo
en esta noche de alas agotadas
atravesada por la mano de la lluvia
la lluvia que no es niebla condensada
sino caída incesante de estrellas
convertidas en pájaros carentes de vida
pájaros negros que caen como palabras
sobre el lago sin límites del poema
sobre la fragilidad de su superficie
agua de signos donde la lluvia permanece
en la belleza efímera de los círculos
en el latido lento del verso que es lago
donde los pájaros se hunden silenciosos
y sus alas se encienden en lo profundo
luminosa llama de blancura desvelada
materia que arde sin humo ni párpados
bajo los círculos indescifrables de unas aguas
que nunca han dejado de moverse
 
 
(EL VIEJO ULISES LLORA TRAS LA EXTINCIÓN DE LAS SIRENAS)
 
“Sin embargo, las sirenas poseen un arma
mucho más terrible que el canto: su silencio.”
Franz Kafka, ‘El silencio de las sirenas’
 
la canción del invierno se silencia
bajo las ramas de cristal
en la tristeza de las aves
cegadas por la niebla
en la quietud de los navíos
inmóviles en un mar de aire
cuando la nieve cae sobre las palabras
y las ruinas enmudecen en la blancura
de las horas sin nombre
 
es la soledad de los territorios abandonados
la soledad atravesada por la luz
en la que anidan las aves
cegadas por la niebla
las aves que rasgaron las velas
de los navíos inmóviles
en la canción del invierno
en su melodía de frío sobre las ruinas
en la pureza de la nieve
sobre las ramas de cristal
que se quiebran dentro de mis ojos
 
 
(ANESTESIA)
 
anestesia
resplandor en la mudez de las luciérnagas
música que mece una cuna vacía
piano que suena bajo el agua
astro que se aniquila contra el labio
contra el labio que es acantilado
en la costa desolada de lo frágil
pecho mineral de una sirena nacida
entre la nieve y el asfalto
escultura de cuarzo destruida
por el oleaje incesante de las palabras
que se deshacen en la sustancia del sueño
en la frialdad de la materia dormida
atravesada por el fluido azul de la anestesia
anestesia
que es metal pálido
vibración de cuerdas heladas en el aire
astilla de marfil que se hunde en el silencio
horada la mejilla de cristal negro
muerde la fruta sin nombre
caída del árbol que no eres

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