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Lugar: Librería Enclave de Libros (c/ Relatores 16, 91 3694649, Metro: Tirso de Molina)
Todas las intervenciones tendrán como hora de comienzo las 19:30

Calendario de intervenciones:
Jueves 18 de octubre:
Encierro industrial y experiencia del afuera, por Andrés Devesa
El Capitalismo es un régimen esencialmente totalitario. No puede aceptar que exista un afuera que se sustraiga a su dominio. El mercado tiende necesariamente a abarcar y a absorber el mundo y la vida en su totalidad. No existe un territorio o espacio, por más recóndito o aparentemente improductivo que sea, inmune al cáncer desarrollista y la expansión de la forma-mercancía. No hay reservas de utopías, tan solo reservas de recursos. ¿Estamos pues condenados al encierro industrial? Podría parecer que sí, pero aún es posible encontrar lugares que son propicios a una experiencia del afuera, que rompen la aparente naturalidad del mundo de la mercancía y que nos recuerdan que la experiencia de lo maravilloso no solo es posible sino que es más necesaria que nunca, como experiencia subjetiva y como arma para la liberación colectiva.
Al final de Oceanía, por Eugenio Castro
Oceanía es una calle situada en el ensanche sur de Alcorcón. Al final de la misma acaba el trazado urbano, no sólo del ensanche sino de la ciudad de Alcorcón. Por lo tanto, no solamente este ensanche es una periferia, sino también un límite. Qué hay al término de esta calle es una pregunta cuya respuesta puede ser: un espacio extravagante... Este brevísimo documental pretende explorarlo, dando un testimonio poético de una doble crisis: la del lugar y la del sujeto, y quizás lo que de ella se deriva
Viernes 19 de octubre:
La ciudad extramuros, por Julio Monteverde.
Se puede salir mal que bien del núcleo urbano entendido como polis, pero salir de lo urbano, entendido como sistema capitalista en el que se producen las relaciones que le son propias, como lugar de asentamiento y desarrollo de la economía totalizadora, es prácticamente imposible. Pero la extensión de capitalismo y la imposibilidad fáctica de salir de él provocan una sensación claustrofóbica que murmura indefinidamente su ansia de libertad. Este rumor de insatisfacción progresiva que busca un camino para expresarse se puede constatar en un puñado de películas, rodadas casi todas y estrenadas sintomáticamente en los últimos dos o tres años del siglo XX, que participan de una manera u otra en lo fantástico, último reducto de la conciencia cuando se permite escapar a la censura manteniendo un lazo férreo con su experiencia real a través de lo simbólico.
Finis Urbis, por Jose Manuel Rojo
Si ciertos puntos de Madrid están impregnados de la vocación de confín, es porque ese confín es necesario, es porque la propia ciudad reclama un límite que la distinga del afuera y la fortalezca en su propia esencia. Por eso la ciudad ha de tener un final, unos límites reconocibles, una capacidad de carga asumible por la naturaleza y la región que la circunda, para que vuelva a ser posible la autonomía de sus habitantes, la belleza de sus calles, el hechizo de sus pasos perdidos, y hasta su salud mental. Es evidente que la sola idea de desmontar todo el tejido adiposo de la megalópolis supera nuestras fuerzas, nuestra capacidad de acción, y puede que hasta de imaginación. Pero es en este punto donde la experiencia del fin de la ciudad irrumpe con sus razones irrazonables para sabotear el sentido común del realismo que se conforma.
Sábado 20 de octubre:
La tierra imantada, por Noé Ortega
En la experiencia poética de la exterioridad encontramos lo maravilloso en bruto abierto de par en par ante nosotros, lo que hace de ella un hecho singular que tiene la capacidad de fecundar nuestra vivencia de lo real, nutriendo de forma vigorosa la carga de deseo que después se proyectará en la vida cotidiana. Por ello, hoy, quizá más que nunca, es necesaria la búsqueda de lo abierto, de los territorios libres, no instrumentalizados, ya que se trata de parajes en los que aún es posible la experiencia más directa y descarnada de lo real, fuera del reino artificial de la ciudad tecnificada y antes de su dominación por la aprehensión racionalista y el interés económico.
Tres lugares, por Vicente Gutiérrez.
La experiencia de la exterioridad no conoce caminos trillados ni lugares predeterminados, y su experimentación al alcance de cualquiera que acepte entregarse a ella se ofrece allí donde la dominación se resquebraja: en los lugares híbridos a medio camino entre lo urbano y lo natural de los que brota un desconcertante grito de protesta, en los emplazamientos urbanos que la naturaleza ha recuperado configurando así una poética de lo incomprensible, o en la completa abertura de los entornos naturales en los que no existe ninguna presencia o construcción humana.
Organizan: Enclave de Libros y Grupo Surrealista de Madrid