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Huérfanos Salvajes

La noche es buen material conductor para amor y disturbios

Un par de palabras. Nada más que eso es Huérfanos Salvajes. Pero nadie sabe lo que puede una palabra. Por debajo del campo de concentración al que el lenguaje es sometido por el poder, las palabras hierven. Cuando el poder no mira, dejan de trabajar. Se revelan, juegan, como ya  dijo alguien antes, hacen el amor. Porque las palabras no son otra cosa que la dirección del amor y las manos, y el amor y las manos siempre tienen que ir más lejos, derramarse, perderse de sí, porque queman y pesan y exigen. La derrota diaria, cada noche, es cierto. Los amos poniendo todo su empeño y su policía para disciplinar el amor y las manos, para  encaminarlos hacia el gesto muerto de la producción, pero jamás conseguirán normalizar esta ciudad-holocausto.  Conseguirán desnutrir el deseo hasta la pesadilla, desarticularlo como sucede de hecho, pero el deseo no es una de esas enfermedades que la eugenesia  espectacular pueda erradicar. Por eso, aunque nuestras ideas no estén en todas las cabezas, nuestras prácticas si atraviesan todos los cuerpos: un polvo en un parque, una gripe fingida de cara a un lunes, caprichos que se vuelven hurtos y hurtos que se vuelven divertidos, (...) Leer más

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