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La caída de la casa Morales

El 23 de agosto de 1940 Leonora Carrington, escritora y pintora surrealista fue ingresada en la Clínica Psiquiátrica del Dr. Luis Morales, en Santander. Varias circunstancias conducen a este encierro. La invasión nazi de Francia, que tiene a Max Ernst entre los millones de víctimas. Max Ernst y Leonora Carrington mantenían una relación amorosa. Por segunda vez él fue apresado y encarcelado en un campo de concentración, en  mayo de 1940. A partir de ese instante ella entra en un estado de alteración mental agudo que le conduje hasta Madrid y, considerado como loca, a Santander.

El Dr. Luis Morales, de ideología nazi, la acoge en su clínica (una de las poquísimas existentes en Europa que gozase del prestigio de la alta burguesía, de la nobleza y de la realeza), experimentando con ella, al igual que lo hacía con otros pacientes, una cura ejemplar. En sus palabras, Leonora Carrington sanó “con solo tres sesiones de meduna (choque convulsivo químico con cardiazol”), lo que le permitió que “recuperase un buen y bien vivir”. La narración que hace Leonora Carrington de este periodo de su vida en su texto Abajo César Moro, Versiones del surrealismo, pag. 79, Tusquets Editor, Cuadernos Marginales 41, Barcelona, 1974) nos da cuenta detallada de (...) Leer más

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Extrañamiento en el centro comercial

La acción que proponemos y que hemos comenzado a poner en marcha tiene una localización muy específica: los centros comerciales y de ocio programado. Evidentemente estos espacios no tienen por sí solos ninguna capacidad poética, ninguna instigación a la aventura, al contrario, son el espacio donde la sociedad capitalista y de consumo se impone más agresivamente. De modo que cualquier acción o juego llevado a cabo en los mismos debería tratar de subvertirlos, de hacerlos propios, incluso de deshacer las normas que los hacen posibles. Sabemos a este respecto que pretender la destrucción del pilar fundamental de nuestra sociedad es un ansia excesivamente ambiciosa para este juego, pero lo que guiará a cualquier intrépido jugador que traspasa el umbral de detectores de robo de los centros comerciales es sacar a los pobladores de estos no-lugares y liberarlos de su dinámica infernal, que no es poco.

 
 Las personas que se desplazan de manera continua a dichos no-lugares comparten unas leyes de comportamiento muy rígidas y asumidas como si se tratasen de los primeros principios de la existencia humana. Dichas normas giran entorno a una máxima universal que “toda persona que cruza el umbral lo hace exclusivamente con la finalidad (...) Leer más

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Garraf

Es verificable una crisis de la mirada, del órgano quizás más apto para agrandar la franja de lo verdadero y despertar a lo yacente; su banalización, que a medida que ha ido proliferando la oferta de imágenes y éstas perdieron sustancia y gravedad, ha sufrido el progresivo adelgazamiento del ángulo de lo perceptible, hasta llegar a la planitud característica de lo visible actual, cuando es escasa la relación de la pupila con el horizonte, debido a que muchas sensaciones están ya diferidas y son vividas por delegación desde el sillón de espectador que ha sido asignado a cada cual –generalmente con la aprobación entusiasta o cuando menos con la pasividad del público-, y también a las mínimas posibilidades de relacionarse con un entorno natural, sobre todo si éste no se corresponde con las postales promocionadas por las agencias de turismo, si su pobreza aparencial no le hacen apto para divulgarse como destino de vacaciones o si hay que visitarlo aprisa, durante el deleznable margen que el trabajo concede al descanso.

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Litoral: Oráculo

I. LITORAL La inteligencia calculadora se ha hecho cargo del hombre pretendiendo encarnar su totalidad al reducir la experiencia –estar en el mundo, respirarlo, recibir su exhalación– a objeto clasificable sin relación alguna con el misterio y lo abierto. Se quiebra así la articulación interna del sujeto, un eje crucial que nos aunaría al acontecimiento. Sin embargo, aunque el ser humano sea ya espectador desangelado y recluso de la parte blanca de sí mismo, un rescoldo se mantiene en la hondura y en profundidades abisales de la psique palpitan trazas de pensamiento mítico, una convicción de que su origen se sitúa en un acrónico más allá, horizonte de poesía realizada que encanta la vida al dejarla derramarse como fragmento de un universo extático y formando parte del alma global. Esta irresistible energía no podrá perderse, persiste por más que la sociedad procedente de la revolución industrial y de consumo desaforado intente arrumbarla en terreno yermo, donde lo espurio se pudre alegremente al raso.

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La noche del 21-V-1997

La noche del 21-V-1997 algunos miembros del Grupo Surrealista de Madrid, acompañados por sus amigos de Industrias Mikuerpo, llevaron a cabo una acción poética de contenido político consistente en la impresión, mediante plantillas, y en las paredes del barrio de Malasaña (Madrid) de ciertas frases que bajo una apariencia lírica, humorística o desconcertante, eran susceptibles en mayor o menor grado de provocar un estado de agitación, euforia o exaltación en las personas que, distraídamente o no, las leyeran en la calle. La reflexión teórica que animaba esta acción y otras parecidas ya realizadas con anterioridad (ver Los Días en Rojo, Salamandra nº 7), es la consideración de la necesidad de sabotear el discurso de la economía que se exhibe impúdicamente negando cualquier otra voz que no sea la suya, o la que aparece dominada por su propia lógica, lo que a veces desactiva ya desde el principio algunas formas de protesta que se anclan en las fórmulas más tradicionales. En cambio, por medio de acciones como la aquí descrita, se intentaría «desacreditar el monolitismo de la realidad manifiesta... se trata, pues, de provocar un punto de fuga en el espíritu del paseante y abrirle así una posibilidad de superación de (...) Leer más

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