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¡Más realidad!

200 años

Viajo a menudo a Lorca, ciudad murciana a la cual, por ser la cuna de mi familia materna, me hallo vinculado afectivamente desde la infancia. Hay en mí, cuando la visito, una disposición anímica especial, un desamparo de lo conocido y, al mismo tiempo, un arraigo telúrico, como una llamada de la tierra, que produce sensaciones especiales, más nítidas y rotundas. Los olores se acrecientan, se agudiza la mirada.
 
Domina en el paisaje árido y polvoriento el imponente perfil del castillo, uno de los más extensos que se conservan en España. Levantado por los musulmanes, cayó finalmente durante la reconquista. Pacificada la región, sus murallas languidecieron, y fueron deteriorándose, si bien la torre Alfonsina permaneció enhiesta.
 
La fortaleza se está ahora habilitando, y es posible visitarla de un modo más didáctico, con guías, filmaciones, paneles gráficos y unos actores ataviados de época, que van presentándose a lo largo del trayecto y explicando las costumbres medievales y su cotidianidad.
 
Esta semana santa, la recorrí con un grupo de familiares. Subimos a las torres de vigilancia, descendimos a los aljibes, vimos tumbas de la cultura del Algar, conocimos a un soldado, un cantero, (...) Leer más

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El arcano del diablo

En Julio de 1999 viajé a Buenos Aires, ciudad de Carola. Nuestra hija, Sol, había nacido seis meses atrás y se daba la casualidad de que en esas fechas estaba previsto el parto de la primera niña de mi cuñada Julieta.
 
Aunque aún no conocía personalmente a ningún miembro del Grupo surrealista de Madrid, ya me sentía casi uno de ellos. Acababa de publicarse el número 10 de la revista Salamandra, que incluía un poema mío Metempsicosis, y aproveché la estancia en Argentina para encontrarme con Silvia Guiard, que me trató muy cordialmente.
 
Suelo utilizar el tarot para ampliar el campo de mis meditaciones. No me interesa tanto la adivinación como la contemplación introspectiva obtenida por el estudio de las figuras de los naipes y las sensaciones de atracción o repulsión que provoca su visión.
 
Utilizo un método muy simple: distribuyo los veintidós arcanos mayores boca abajo en dos filas paralelas, miro los dorsos de las cartas y levantó uno, que me suele proporcionar una clave a la pregunta efectuada.
 
Han pasado algunos años desde este suceso hasta que me he decidido a escribirlo, aunque bastantes personas lo escucharon a (...) Leer más

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Órdenes son órdenes

Durante el fin de semana del 20 al 22 de enero de 2005 algunos amigos surrealistas nos encontramos en Madrid para discutir una serie de cuestiones que requerían definitivamente nuestra atención. El domingo a ultima hora, justo antes de que tuviera que prepararse para coger el tren de vuelta a Sevilla, Antonio Ramírez lanzó, de forma esquemática, una última propuesta de acción colectiva: una deriva programada tomando como base el tipo de instrucciones que proporcionan habitualmente el Tarot o algunos mediums. Su idea era determinar una serie de condicionantes al recorrido, que serían del mismo tipo para todos, y que funcionarían, por ejemplo, de la siguiente manera: "Si se encuentra con una niña rubia cambie el sentido de la marcha". "Si cruza un coche rojo el grupo debe separarse", etc. El estado embrionario de la idea no influyó en el gran interés que despertó en todos nosotros.
 
Paralelamente y a la misma velocidad, al oír esta descripción caí en la cuenta de que yo, en el pasado, había escrito un poema en el que se daban una serie de instrucciones del mismo tipo. Imediatamente se lo comenté a Antonio, pero este me hizo notar que él no poseía ningún (...) Leer más

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Yo

Es septiembre de 1999 cuando camino junto a Oscar Delgado, un antiguo amigo mío, por la acera de la derecha de la calle Ave María en dirección a la plaza de Lavapiés. En la acera izquierda advierto la presencia de una persona por mí conocida a la que hago repetidamente señales con el brazo, sin que ella me vea. Por el contrario, un hombre al que no conozco de nada responde a mi llamada y, creyendo él conocerme, se dirige hacia donde estoy. Yo también me encamino hacia él para, extendiéndole la mano en ademán de saludo, hacerle notar que nunca nos habíamos visto.
 
Tras este hecho, le cuento a mi acompañante las numerosas veces que se me repite esta situación, narrándole aquellos casos que tuvieron por efecto provocar en mí uninstante de suspensión.

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Otra casa poco sólida

El ocho de Marzo de 2001, el edificio de los Almacenes Argüelles, situado en el bulevar Alberto Aguilera, en Madrid, se vino abajo de forma súbita. Como una sola pieza se derrumbó sobre su base. El motivo, según las investigaciones que se llevaron a cabo, parece haber sido las obras que se estaban realizando en el sótano del inmueble, y para las cuales no había licencia. Este edificio está (o estaba) en la ruta que, por aquella época, yo recorría todos los días dos veces para ir y venir del trabajo. La caída no me sorprendió allí ni cerca, aunque la posibilidad, más o menos remota, existiera.
 
Sin embargo, al día siguiente, como no era posible pasar por esa acera debido a los trabajos de desescombro y a los curiosos que merodeaban a falta de otra cosa mejor que ver, me vi obligado a dar un rodeo para ir al trabajo. Mientras daba este rodeo, justo a la altura del edificio caído pero en otra calle, entre la aglomeración de gente que se había acercado al lugar, me crucé con un hombre que, mientras andaba, leía elCaligramas de Apollinaire en una edición de bolsillo. Andaba y leía, sin parar (...) Leer más

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H ORO

Lo que pretendo con el presente escrito es dejar testimonio de una serie de acontecimientos en los que el azar, la relación evocadora con ciertos objetos, el sueño y la naturaleza jugaron un papel decisivo. La idea de compilar estas vivencias nació precisamente de la necesidad de ensalzar esos vínculos que me relacionan con las posibilidades/contradicciones de la realidad. Quisiera dejar claro que no pretendo dar importancia al hecho de haber tomado nota de las mismas sino al hecho de haber tenido la suerte de vivirlas.
 
Empezaré asegurando que los acontecimientos aquí descritos son absolutamente ciertos y que este proyecto pertenece a un proyecto personal más ambicioso. No me gustaría, por lo tanto, enmarcar estas actividades en ningún tipo de proyecto puntual sino integrarlas en mi vida cotidiana como parte fundamental de la misma. En este caso, he tratado de narrar estas revelaciones de la manera más aséptica posible, quizá con la esperanza de que las propias anécdotas cobren protagonismo por sí solas. Añadiré que esta tarea continúa desarrollándose hoy en día con ímpetu y esfuerzo.
 
También diré que el motor principal que impulsa esta pretensión es el pensamiento poético; una de las facultades (...) Leer más

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Impreso en el tiempo

En el nº 6 de la revista Salamandra, que vio la luz en el mes de noviembre de 1993, apareció un breve artículo sobre un jardín que, al borde del Océano Atlántico, en la localidad gallega de Camelle, había construído, en el transcurso del tiempo, mediante el ensamblaje de troncos de árboles secos y rocas de formas caprichosas, un hombre peculiar que respondía al nombre de Man. Unas fotografías que acompañaban al artículo ilustraban lo que nos parecía concreción poética, gratuita y no separada de la actividad humana.
 
Este “jardín precioso de rocas” fue fatalmente embarrado por los vertidos del Prestige que el mar arrojó contra las costas gallegas en el mes de noviembre del pasado año. Similar golpe de mar letal rompió contra su constructor, que murió poco tiempo después, probablemente de tristeza.
 
En la página inmediatamente anterior al artículo sobre el jardín de Man, aparecía la reproducción a color de un cuadro de Martin Stejskal, miembro del Grupo Surrealista de Praga, en el cual, sobre un fondo azul, parecía flotar o descender la figura recortada en negro de un objeto o ser que podía ser tanto biológico como mecánico, tanto un pez como una (...) Leer más

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H

1982. Septiembre. Fortaleza de Belixe. Algarve. Portugal.
 
Merodeo al pie del acantilado coronado por esta construcción antiguamente militar. Junto al agua, me entretengo mirando alrededor, hasta fijar la vista en un grupo de gaviotas entregadas a la pesca de su presa. Me siento fascinado por el ejercicio de precisión de estas aves, que consiste en lanzarse en picado sobre la superficie del agua en busca de su comida. Perfecto movimiento de verticalidad.
 
Deseo conservar el recuerdo fotográfico de ese instante y me dedico a tomar unas diapositivas.
 
Quince días después, aproximadamente. Madrid.
 
Organizo para algunos amigos una proyección de diapositivas con las estampas de la ruta recorrida durante el viaje. Al llegar a las que debían mostrarme a las gaviotas, experimento cierto desconcierto -y también desilusión- al comprobar que no hay ninguna que haya recogido a las aves en el momento en que se precipitaban sobre el océano. Sin duda, mi deficiente conocimiento de la técnica fotográfica fue la causa. Sin embargo, una de las personas allí reunidas, una gran amiga mía, me hace notar, labrada sobre la pared del acantilado situado frente a mí, y justamente detrás de donde (...) Leer más

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En el verano de 1997

En el verano de 1997 la curiosidad de conocer cómo era por dentro una construcción defensiva del siglo XVII, edificada sobre uno de los brazos del río Ill que bordean la ciudad de Estrasburgo, me impulsó a adentrarme en la Barrage Vauban, a la que accedí por un lateral a través de un gran vano. Muy cerca de la entrada, una vez en el interior, se hallaba, convenientemente señalizada, la escalera que conducía a la terraza de la construcción desde donde se podía disfrutar -según prometían los reclamos publicitarios- de una magnífica pano-rámica de la ciudad. Sin embargo, lo que nos llamó la atención a mi compañero y a mí, fue un largo y solitario pasillo que se extendía desde la citada puerta hacia las entrañas de la edificación y que parecía no tener fin.

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