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Transformar el mundo

La lucha de Gamonal: destellos de una vida otra

Hace un par de años algunos nos atrevimos a vaticinar un ciclo “de contestación general a la dictadura de una economía inhumana”, dentro del cual ese revulsivo tan esperanzador como ambiguo y contradictorio, que por comodidad seguiremos llamando 15M, era “una parte más de un movimiento mucho más amplio y mucho más profundo”[1]. Si afirmamos aquello fue porque teníamos la certeza de que lo ocurrido en las plazas, aunque no consiguiese tumbar el sistema y ni siquiera lograse algún objetivo concreto, sí que logró transformar radicalmente tanto la vida cotidiana como las certezas ideológicas y las ilusiones democráticas de mucha gente. Algo cambió, pero las verdaderas transformaciones requieren de largos períodos de tiempo.

La urgencia del momento actual, en la que los recortes y la crisis económica son solo la cara más visible de una nueva vuelta de tuerca de un sistema capitalista, hace que a menudo nos pueda la impaciencia y la desesperación porque no avistamos la revuelta que traerá el mundo nuevo. Y quizás ésta nunca llegue, al menos bajo la forma en que siempre pensamos que lo haría. Y es a veces de forma inesperada, donde menos se espera, y en medio de (...) Leer más

Así nos quieren ver: Reflexiones en frío y en caliente sobre el antifascismo

El goteo cada vez más grueso de agresiones fascistas por todo el país, y en especial el cruel asesinato de Carlos Palomino a manos de un nazi (y militar por más señas) cuando se dirigía a participar en una manifestación contra Democracia Nacional en el distrito madrileño de Usera el 11 de noviembre del año pasado, ha provocado y sigue provocando una oleada de indignación tan sólo equiparable a la reacción pasional de la calle, no sólo en Madrid, sino por todas partes.

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¿No es el dinero un objeto?

El dinero no es imaginario: parece ser tan objetivo como un muro de hormigón, pero esta objetividad es social. No tiene nada que ver con la forma sólida de las monedas, sino en última instancia con la solidaridad de la burguesía. Cuando la sociedad es burguesa, el poder del dinero equivale al poder concentrado de la burguesía. El cadáver de Marx ha vuelto como un aparecido para atormentarnos en el presente. 

La tan cacareada ‘inmaterialidad’ del dinero no afecta a aquellos que nunca tienen suficiente para sus necesidades. Si no existe tal cosa, ¿cómo puede estar distribuida tan desigualmente? Su presencia fantasmagórica espanta a todos los que no pueden comprender su funcionamiento, es decir, a casi todo el mundo incluyendo a los supuestos expertos. Su ausencia fantasmal está provocando actualmente la misma consternación (¿dónde ha ido a parar?). Cualquiera que se tome en serio la idea de que el dinero ‘no tiene sustancia’, o que finja hacerlo, nunca podrá comprender el capitalismo, porque toda la gente actúa exactamente de la forma opuesta: esta sociedad se imagina que el dinero es la única cosa realmente vital de la que depende el resto de la creación, pues al convertirse en la vara de (...) Leer más

Vuestro Sol no alumbra más que la verdad de vuestra muerte

«Diariamente se explicaban por radio y televisión las ventajas de nuevos inventos que ahorraban tiempo, que, un día, regalarían a los hombres la libertad para la vida “de verdad”»

Michael Ende: Momo

 

El Capitalismo, lejos de agonizar como creen algunos ilusos, se yergue sobre sus propios excrementos para perpetuarse. Para ello se reinventa cada día, devorando el pasado para anular el futuro y dominar el presente. Y a pocos parece importar el olor adetritus de algo, que, pese a su pretendida novedad, no deja de ser un invento muy viejo.

Hoy más que nunca, cuando la mercancía es el ídolo que todos adoran, cuando todo ya es mercancía, incluidos los propios seres humanos, cuando las ciudades han sido convertidas en una imagen de sí mismas que debe ser vendida como cualquier otro producto y lo que nos rodea y hasta nosotros mismos somos sólo meros recursos —renovables, naturales, artificiales, humanos, ¡tanto da!, todos cuantificables y comercializables—, el más brutal fetichismo sale a la superficie. Un fetichismo que entronca con el fetichismo y la magia más primitivos, aquellos que eran una expresión de la dominación de la naturaleza sobre los seres humanos y del poder ilusorio que los seres humanos pretendían sobre la naturaleza, (...) Leer más

Carta sobre las malas previsiones del tiempo: Por un discurso del deseo ante el advenimiento del colapso industrial

Todos los que aspiramos a organizar la sociedad  de una forma que permita una vida más plena tenemos pendiente una discusión y un reto estratégico que podríamos perfilar de la siguiente forma:

a) Nos encontramos en el umbral histórico de un cambio en las condiciones materiales tan enorme que inutilizará todo utillaje teórico cuya renovación no sea capaz de operar en el nuevo escenario.

b) Existe un vacío peligrosísimo en los intentos de dar una respuesta emancipatoria a este escenario, pues desde nuestras coordenadas, que podríamos llamar, simplificando, del deseo como motivación revolucionaria[i],  se ha descuidado mucho el tema, mientras que el monopolio de las respuestas viene ejerciéndose desde  las posiciones de la neosupervivencia (específicamente desde corrientes antiindustriales, aunque no sólo ellos). Y siendo honestos, como nosotros consideramos las coordenadas de la revolución del deseo, al menos en nuestro contexto, las únicas auténticamente emancipatorias, no podemos dejar que los antiindustriales se lleven el gato del imaginario revolucionario futuro y su experimentación al agua. En otras palabras, dejar pasar esta reflexión supone dar por correcta la tesis de Jean-Marc Mandosio cuando afirma que el ciclo revolucionario, tal y como lo entendemos, está históricamente clausurado de forma irreversible.

c) Relacionado lo anterior, en tanto (...) Leer más

Encanto, hechizo, truco: Sobre el destino de la Magia en la época Tecnológica

Cuando ponemos en relación conceptos como Magia y Tecnología percibimos de inmediato una suerte de choque o polarización violenta. En el mejor de los casos, tras reconocer un ámbito común de aplicación en nuestra capacidad operativa sobre los fenómenos, situamos una y otra en los extremos inconciliables de una misma línea continua. Cuando carecemos de una explicación satisfactoria acerca de un determinado fenómeno, bien porque nuestro nivel de conocimientos no abarca todavía sus dinámicas o porque contradice abiertamente nuestra percepción del mundo, lo relegamos al ámbito del pensamiento mágico, con la esperanza de que, con la expansión y acumulación del saber, acabará encontrando algún día su lugar en la región siempre creciente del conocimiento científico. Si el interrogante persiste, si se resiste a obedecer ninguna ley conocida que nos permita domesticarlo, simplemente se expulsa fuera del paradigma, se le desprestigia, se tacha a quienes lo sostienen de místicos u oscurantistas.

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Principio de insolación (las plazas duras)

Proliferan las llamadas “plazas duras”. Se las reconoce porque el suelo que las conforma está constituido por losas que, valga la redundancia, enlosan la tierra. Es una superficie cuyo material, supongo que hecho a base de aleaciones indistintamente naturales y artificiales (aunque esto poco importa) endurece hasta la propia vista. En ellas, apenas unos cuadrados o rectángulos se abren aquí y allí (y eso cuando así ocurre) siguiendo el criterio de los diseñadores, urbanistas, etc. En ellos se han plantado árboles que cumplen una función meramente decorativa, siguiendo, de nuevo, el modelo del diseñador. Especies que no alcanzarán ni la altura ni el volumen como para poder cobijar al ciudadano de la inclemencia estacional. Risibles pinceladas verdes para disimular la desolación que produce esa extensión de material armado. A juego con el suelo, el mobiliario que las viste, en concreto los bancos, definen con la crudeza de su incomodidad, el sentido arisco e inhóspito que suelen tener esas plazas.

Sí se presta un poco de atención, se observará que las mismas circundan o avanzan, sobre todo, edificios de instituciones culturales. Y de modo especial, de Museos de arte contemporáneo. (Por puro mimetismo, esta costumbre se ha extendido a otro tipo (...) Leer más

La ciudad funciona con gasolina

• Publicado en Salamandra nº 15-16

La vida en la Tierra se convierte cada día en una tarea más difícil. Las personas nos vemos obligadas a tratar de sobrevivir en un entorno peligrosamente patógeno como es la urbe moderna. Y parece que ya no existe siquiera un rincón perdido en el planeta en el que poder refugiarnos, porque se trata de un fenómeno en progresión en el que siempre se puede ir a peor. Los paraísos ocultos en los que exuberantes especies animales y vegetales eran capaces de preservar una vida infinita y libre no son más que bonitas e imposibles postales. Una vez que el ser humano introdujo sus instrumentos tecnológicos en estas utopías medioambientales su equilibrio fue deshecho, sus recursos esquilmados y los nativos supervivientes recluidos en parques “naturales”. Roto el sueño infantil de las selvas vírgenes aún nos quedaba la idea de huir al campo para desintoxicarnos, para recuperar algo de lo que fuimos en nuestros olvidados orígenes. Nos imaginábamos en este refugio rural como bucólicos pastorcitos y cultivadores de tomates y patatas. (...) Leer más

En el lugar del accidente

Mirad: son extraños los momentos en los que la luz estalla, en los que la potencia de lo que sucede abre el pensamiento como un cuchillo congelado. Instantes en los que el cuerpo cobra rigidez a consecuencia del latigazo de todo aquello que participa de la verdad. Sí, son extraños, pero es sin duda a partir de estos momentos, por muy escasos que sean, sobre los que se funda el sentido de lo que pasa, y es gracias a ellos que el conocimiento sufre sus pequeñas (y en ocasiones sus grandes) revoluciones. Si lo que existe es informe, si sobre los fenómenos el pensamiento arroja el lazo de la lógica, como quien empaqueta sus regalos, la complejidad misma del sistema, sus infinitas entradas y salidas, impiden a ciencia cierta el abarcamiento de la totalidad. Por aquí y por allá aparecen todas esas presencias inquietantes que se salen del cuadro, hostigándolo. El sueño de la estabilidad común se ve continuamente importunado, zarandeado, por el rayo del cambio y lo inesperado, rayo violento que lo compromete y lo amenaza. Estos dos estados, el de la estabilidad y el de la convulsión, deben ser entendidos en su dinámica como contrarios que se niegan (...) Leer más

Ni de vuestra vida ni de vuestra muerte

Como es más que sabido, en los últimos tiempos se ha hablado hasta la saciedad del gusto por el simbolismo del terrorismo islamista y de su avatar más espectacular, Al Qaeda. Quizás porque la civilización tecnoindustrial identifica pensamiento mítico con barbarie y arcaísmo, a pesar de (o precisamente por) estar levantada también ella sobre una mitología no menos desbordante, los poderes públicos han insistido alborozados en la obvia simbología política, económica o tecnológica del World Trade Center y de un centro de transportes moderno, y vital para la modernidad, como es la estación de Atocha de Madrid, así como en el significado pérfido y enigmático, digno de Fu-Manchú o del Viejo de la Montaña, de las coincidencias de fechas de los atentados del 11-S y del 11-M, hasta el punto de que la propia fiscal del 11-M ha considerado digno de importancia conjeturar, en lo que prácticamente fue su primera entrevista importante a un medio de comunicación, sobre la “gran carga simbólica y cabalística” que tenía la fecha del atentado de la Estación de Atocha de Madrid (El País, 10-3-2005). (...) Leer más

La experiencia arruinada

Hace tiempo que nos hemos convertido en testigos atónitos e impotentes de la disolución de las significaciones esenciales de lo real en favor de sucedáneos, meras réplicas avivadas por la presencia alienígena de los presupuestos capitalistas. En el transcurso de esta devastación implacable, se ha visto gravemente amenazada nuestra cultura material y espiritual: la relación con la naturaleza, la ciudad histórica, las antiguas creencias, las costumbres… Todo ha sufrido el mortífero ahuecamiento de su condición más íntima, indispensable para el libre trasiego de la mercancía, que se ha convertido en protagonista del escenario de la economía escindida. Tanto destruye nuestra época, que se ha dicho que no deja ruinas: “Dentro de cien años la gente tendrá una evidencia más tangible de la Roma de Adriano que de la Nueva York de fibra óptica” (1).
 
Pero, ¿es verdaderamente cierta esta anunciada ausencia de vestigios? Y si así fuera, ¿por qué tal ansia de que nada permanezca? Con toda certeza el crimen sin huellas responde a que la ruina se imagina todavía desasosegante y perturbadora. Su presencia incomoda porque encarna aquello que este sistema no puede asimilar: tiene pasado, está usada, el tiempo se asoma en ella. Así, en un (...) Leer más

La guerra de las ilusiones

Tengan razón o no algunos fatalistas nada exagerados que, como la Encyclopedie des Nuisances consideran que poco falta para que se cierre el ciclo revolucionario por la sencilla razón de que el capitalismo tecnoindustrial se ha entregado a una ‘empresa de desolación planificada cuyo programa explícito es la producción de un mundo inaprovechable' (Discurso preliminar, EdN nº1), lo cierto es que nuestro tiempo parece languidecer bajo el signo de la protesta en vez de la revolución, hasta el punto de que es ahora cuando se podría utilizar la etiqueta desmedida que un historiador dió al siglo XX: la Era de la Protesta (1). Aunque semejante denominación es excesiva y sobre todo interesada, y aunque aquí y allá, en Argentina o Argelia, en Perú o Ecuador el llamado proletariado salvaje prosiga sus asaltos supuestamente sin esperanza, la contestación social de los países capitalistas se está articulando a través de los movimientos de protesta colectiva, siguiendo, como se ha dicho, el modelo del Mayo del 68 en su faceta más espectacular. Desde las marchas ecopacifistas de la Alemania de los años 70, hasta las recientes manifestaciones contra la guerra de Irak, hemos asistido a protestas masivas que han llegado a derivar en auténticas conmociones de la opinión pública, que han conseguido paralizar la vida (...) Leer más

Esta revolución no tiene rostro

Wu Ming es el nombre del colectivo de activistas italianos que se define a sí mismo como ‘laboratorio de diseño literario que trabaja con distintos medios en distintos proyectos'. Descendientes del movimiento agrupado en torno a la personalidad abierta Luther Blissett, son autores de los conocidos libros (1) (editado aún bajo el citado nombre colectivo) y más recientemente 54 (2) firmado ya bajo el nombre Wu Ming. Se reclaman a sí mismos descendientes de la narrativa hispanoamericana y del lenguaje de los zapatistas, así como contrarios a todo subjetivismo y experimentación en literatura que entorpezca la comunicación con el lector. El libro Esta revolución no tiene rostro (3), recopila artículos y material disperso del grupo y lo organiza siguiendo las líneas generales de intención del colectivo.
 
Partiendo de la base de una puesta al servicio de la revolución de las capacidades propias, estos escritores pretenden articular el imaginario del movimiento global para dirigirlo hacia su utilización práctica o, en todo caso, funcional. La materia prima con la que pretenden trabajar son aquellas historias que articulan el pensamiento y los deseos de la masa, aquellas narraciones que surgen del interior de las comunidades y que parecen proporcionar las claves para entender sus miedos, sus deseos (...) Leer más

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