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Si odia el fin del mundo, amará ‘Salamandra’, la revista más surrealista

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por Rubén Caravaca Fernández
 
Comenzamos el curso con toda una declaración de intenciones de ‘El Asombrario’. Arriba el surrealismo, arriba los ‘raros’ de esta sociedad y los que van a la contra, porque la ‘realidad / normalidad’ se nos está volviendo muy absurda. Siete años después, sale el número 23-24 de la revista ‘Salamandra’, editada por el Grupo Surrealista de Madrid, con nuevo aviso para navegantes: “Cada número se conforma y sale a luz cuando es estrictamente necesario, es decir, cuando parece oportuno”. Aviso de los editores: “Si usted odia el fin del mundo, amará ‘Salamandra’. Si usted ama el fin del mundo, amará ‘Salamandra. Si usted niega, teme, desdeña, esquiva, olvida o acepta mansamente el fin del mundo, ignorará ‘Salamandra’, la revista más inactual, esporádica, desesperada y utopista del mundo”. Más necesaria que nunca, surrealismo –quizá el movimiento anticapitalista menos reconocible y valorado– de supervivencia en malos tiempos para humanos y anfibios.

Después de un Aviso al lector, de apenas ¡¡18 páginas!!, comienzo la lectura: “Nos encontramos, una vez más, en la enésima encrucijada histórica. Quizás sea la misma de siempre, en la que estamos estancados desde hace decenios. Pero es posible que se trate, finalmente, de una nueva, que exija una decisión más apremiante que nunca. El que no se pueda contestar con claridad a esa duda es ya síntoma de algo. En todo caso, en esta ocasión parece que está en juego el todo o nada de la estabilidad ecológica del planeta Tierra: ya no el todo o nada de esta cultura o aquella, de esta sociedad o esta otra, de este bloque político o aquel. Está llegando a su fase de desbordamiento ese vasto proceso de disociación con respecto a la naturaleza que comenzó con la revolución industrial o quizás antes: con el nacimiento de la plusvalía. Y la encrucijada parece aclararse y mostrar sus contornos conforme nos acercamos a ella, planteándose cada vez más, de nuevo, como una cuestión de todo o nada: o la integridad de la humanidad y de los ecosistemas del planeta o la obstinación suicida en nuestra civilización capitalista”.

Nada que comentar.

Desde bastante joven he sentido atracción por las revistas culturales en un sentido amplio, incluyendo fanzines, algo comentado ya en estas mismas páginas. Gracias a ellas me acerqué al surrealismo y al situacionismo, en ocasiones sin coscarme de nada, siempre dudando, ¿en esos textos, imágenes, proyecciones había algo más de lo evidente?, ¿había que comerse el tarro buscando alguna explicación?, ¿disfrutar solo de lo visto, leído?, ¿interpretarlo sin más? Pasar los años experimentando con lo que no está al alcance de la mente supone aprendizaje, sorpresa, admiración, imaginación, conocimiento, deseo… incluso mitología.

Tras el 15M inicial, en las asambleas que se desplazaron a plazas de pueblos y barrios, el debate sobre la ciudad estaba muy presente. Para intentar comprender aquel recorrido y quizás los que estaban por venir Crítica y onirocrítica de la ciudad: crisis del urbanismo y deseo de ciudad; imaginario de un barrio; encuesta sobre la ciudad onírica, número 21-22 de la revista Salamandra, editada por el Grupo Surrealista de Madrid, se convirtió en una referencia a la que acudir en plena apuesta municipalista.

Pensamiento velado

Desde aquel 2014, la revista enmudeció, algo que no debería de extrañar pues el número anterior había visto la luz en 2010. “Este retraso, inusual y excesivo hasta para el ritmo editorial tradicionalmente lento que nos caracteriza, no debe interpretarse como una desaparición de la actividad del Grupo Surrealista de Madrid, sino como una manifestación más de su razón y forma de ser, en tanto que no tenemos ni la vocación ni el deber ni la especialización profesional de lanzar una revista al mercado con una regularidad determinada, sino solo cuando se considera que es necesario publicarla, y que su publicación lleva a alguna parte en todos los planos de la realidad y de la vida individual y colectiva” comentaron entonces.

Ahora, siete años después, sale el número 23-24 con dos secciones centrales y nuevo aviso para navegantes: “Cada número se conforma y sale a luz cuando es estrictamente necesario, es decir, cuando parece oportuno”, recordándome las palabras de Idir, el genial artista kabil, cuando le interpelé por su escasa discografía: “Los discos son como los hijos, solo cuando se desean hay que alumbrarlos”.

El nuevo número, con más de 460 páginas, nos aproxima no solo a las actividades de los surrealistas madrileños desde la publicación anterior, también análisis, ensayos, iniciativas, reseñas y experiencias que hay que conocer, valorar, intuir, vislumbrar con poesías e imágenes entre capítulos.

Lo entrecomillado en el segundo párrafo de este texto es el inicio de Dejando atrás esta civilización. Notas para la fenomenología de un colapso civilizatorio, reflexión de Jesús García Rodríguez. El capitalismo es más que un sistema político-económico. “Es una civilización entera, invasiva, pervasiva, que abarca todos y cada uno de los rincones de nuestra intimidad, de nuestra realidad, de nuestra vida”, comenta. Gobierno y autogobierno, El hombre sin horizonte, ¡Mierdra, padre uburanio!, El surrealismo ante el ecofascismo y el ecoliberalismo que vienen y Son los grandes transparentes los que se manifiestan completan el primer capítulo arropados con la ¿etiqueta? Crisis de civilización, colapso y utopía. Aportaciones antidesarrollistas: “La impregnación política de las culturas indígenas… la perspectiva surrealista que pone el acento en la crítica de la economía, la técnica y el Estado, y también y sobre todo del imperialismo mental que es a la vez su causa y efecto, así como en el horizonte utópico, la exterioridad, el materialismo poético y el pensamiento analógico y mítico que desmienten y se oponen al mismo”.

Comunismo, ingenio, contingencia, insumisión

Una de las secciones centrales Del comunismo del genio al genio de lo común sobre “la inspiración poética y creativa que cualquier persona tiene aun sin saberlo y solo hay que alentar para que se manifieste, y la creación de una comunidad inspirada que sea capaz de reconocer en la poesía la misma urgencia y necesidad que en la libertad”. Tras la Introducción, nos acerca a los juegos surrealistas, “una serie de jornadas experimentales sobre los juegos surrealistas y la vida onírica”, celebrados en diferentes fechas. Juegos como el documento de analogía, la imagen desvelada, la copia, la copia oscura –inspirado en el propuesto por Gherasim Luca para la Exposición Surrealista de París (1947)–, del dardo, la anatomía, las ventanas, los recortes o los mensajes dan a conocer el desarrollo de El laboratorio onírico que “consistía en crear un pequeño grupo de experimentación sobre los sueños, reunidos con cierta periodicidad, abiertos a todo el mundo”.

La Barraca de las Maravillas para la desalienación de la creatividad comunal, “cualquier cosa excepto la mera exhibición de nuestras obras”, cuyo origen tuvo lugar en el 15M a iniciativa del Ateneo Libertario Carabanchel-Latina, consistente en “abrir un espacio-artístico en una ciudad donde el arte está monopolizado por una élite cultural y una industria de masas que separa el arte de la vida, del día a día, de la reflexión y de la crítica, convirtiendo el arte en una máquina de ideas represoras y un entramado de manipulación social de un capitalismo invisibilizado bajo la etiqueta de Cultura”. Espantausureros y licántropas relata la lucha vecinal contra la construcción de un hotel en plena plaza de Lavapiés, cerrando capítulo con un proyecto desarrollado en Andalucía desde 2013, Acciones callejeras en Cádiz.

El tercer capítulo, Fuga de la revolución, revolución de la fuga,recoge las aportaciones de miembros del grupo, y amigos, y colectivos sobre una discusión fundamental y perentoria: ¿Hay que abolir el capitalismo industrial mediante el devenir revolucionario, o hay que salir y escapar de la ciénaga helada y corrompida del modo de vida que ha segregado para empezar de cero?”. Sobre los nuevos movimientos, conflictos, debates y continuaciones políticas, Escapar para luchar: fuga y emancipación en el encierro del Capitalismo industrial o Robín Hood en el bosque del capital son algunos de los títulos de los textos incluidos.

Más realidad, El incendio interior y Laboratorio de lo imaginario, capítulos anteriores a El Amor loco erótico, el eros locamente enamorado, que incluye entre otros textos De la necesidad o no de un nuevo amor, Erotismo y alteridad. Sobre el placer de complicarse la vida o La desobediencia del amor romántico, defensa teórica del amor, “su ilustración práctica, erótica y poética” en momentos en los que está “amenazado por el cinismo económico, tergiversado y edulcorado por la industria cultural y, por infinita y sorprendente desgracia, negando, ridiculizando y despreciado por buena parte de aquellos y aquellas que impugnan la dominación y deberían ser sus más ardientes defensores”.

Contingencia e insumisión de la exterioridad es la otra sección central. Tras introducir el tema, muestra parte del debate Encierro industrial y exterioridad, entre miembros de las publicaciones Malpaís, Cul de sac y el propio grupo surrealista madrileño, completándolo con textos sobre Erolitos. Exterioridad y erotismo, Corrales y curiosidad, Las olas convergentes, Caminos de exterioridad. La llaga el horizonte suelda y Apuntes para un conocimiento salvaje y apasionado del afuera. Cierra la publicación el capítulo Locura, automatismo, lenguaje, cinco artículos para “resumir o enhebrar muchos de los hilos de la revista. Imaginación, inconsciente, pensamiento analógico, deseo y erotismo, culturas otras que se contraponen y desafían a la razón instrumental que niega el afuera interior y exterior parapetándose en la ciencia y el biopoder terapéutico que diagnostica y encierra… y el surrealismo mismo, desde su nacimiento a lo que es y será”.

Además de congratularse de su buena salud, Salamandra vuelve a convertirse en referente para algunas: imágenes, poemas, análisis, experiencias, reseñas, reflexiones sobre la crisis ecocapitalista / ecofascista en marcha más allá de lo ambiental, lo pandémico, lo mental, contrastando la invisibilidad personal a la que nos ha arrastrado el capitalismo que solo caerá derribado por su propia avaricia. “Por primera vez en su historia, es el capitalismo el que tiene que luchar a la contra: a la contra de sí mismo… Por primera vez en la historia de nuestra civilización, todos los militantes y simpatizantes anticapitalistas del mundo (ecologistas, anarquistas, comunistas, socialistas, etc…) podrían quedarse cruzados de brazos y esperar a que la cosa caiga por sí misma, en dos o tres generaciones” vuelve a recalcar García Rodríguez. ¿Nos encontramos ante una farsa política permanente? piensas prontamente tras la lectura.

Anticapitalismo invisible

El surrealismo es quizás el movimiento anticapitalista menos reconocible y valorado, dice Iñaki Urdanibia reseñando la revista: “Un concepto radical de libertad no lo ha habido en Europa desde Bakunin. Los surrealistas lo tienen. Ellos son los primeros en liquidar el esclerótico ideal moralista, humanista y liberal de libertad, ya que les consta que la libertad en esta tierra sólo se compra con miles de durísimos sacrificios y que por tanto ha de disfrutarse, mientras dure, ilimitadamente, en su plenitud y sin ningún cálculo pragmático”, haciendo suyas las palabras reflejadas por Walter Benjamin en un texto de 1929: “En el que calificaba al surrealismo como la última instantánea de la inteligencia europea… elogiaba la transmutación de la mirada que trataba de escapar del positivismo cientifista, elogiando la suma de la imaginación, de la creación, de los derechos a la intuición…frente a la posición burguesa de izquierdas y su Gesinnung (manera de pensar, credo político…)”.

Para acabar, recomendar la publicación, número complejo de conseguir –tirada de 600 ejemplares–, por 15€, teniendo presente que “defender una causa es también cuestionarla y purificarla de sus gangas seculares, para que surja más verdaderamente y poderosa”.

¡¿Se puede pedir más?!